Se utiliza el Cuestionario de Dificultades de Socialización para explorar posibles áreas de dificultad en la interacción social y la adaptación a contextos cotidianos. Su aplicación favorece una apreciación inicial de indicadores relevantes para orientar la evaluación clínica. Fue desarrollado por Michael Rutter.
Consta de 15 ítems y suele completarse en aproximadamente 3 minutos. Las respuestas se interpretan de manera descriptiva, considerando el contexto evolutivo, escolar y familiar, así como la presencia de factores de estrés o comorbilidades.
El Cuestionario de Dificultades de Socialización puede emplearse como parte de un proceso de tamizaje y como apoyo para definir prioridades de entrevista y observación. No sustituye una valoración integral; sus resultados deben integrarse con otras fuentes de información clínica y psicométrica.