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Se utiliza el Cuestionario de Disregulación Emocional para explorar dificultades en la regulación de las emociones y la tendencia a emplear estrategias poco adaptativas ante el malestar. Puede apoyar la formulación clínica inicial y la identificación de áreas prioritarias de intervención.
Es un instrumento de autorreporte compuesto por 23 ítems y suele completarse en aproximadamente 5 minutos. Su aplicación permite estimar la frecuencia o intensidad de respuestas desreguladas y orientar el seguimiento de cambios a lo largo del proceso.
El Cuestionario de Disregulación Emocional, asociado a los planteamientos de Marsha M. Linehan y James J. Gross, se interpreta de manera integrada con la entrevista clínica y otras medidas relevantes. No sustituye el juicio profesional ni establece diagnósticos por sí mismo.