Se utiliza la Escala de Procrastinación (PSI) para evaluar la tendencia a postergar tareas relevantes de manera intencional. Explora manifestaciones conductuales y cognitivas asociadas al aplazamiento y su posible interferencia en el funcionamiento cotidiano.
Consta de 29 ítems y suele completarse en aproximadamente 6 minutos. Las respuestas se basan en la frecuencia o grado en que se presentan conductas y experiencias relacionadas con la postergación.
En un contexto clínico o de orientación, la Escala de Procrastinación (PSI) puede aportar información inicial sobre patrones de evitación, dificultades de autorregulación y malestar asociado. Sus resultados deben interpretarse de forma integrada con la entrevista, el motivo de consulta y otros indicadores relevantes.