Test ¿Mi hijo tiene TOC? Cuestionario - the question form
Preguntas: 15 · 10 minutos
1. Si un familiar no puede ayudar con un ritual ni tranquilizarlo repetidamente, ¿cómo responde su hijo?
Puede aceptar el límite sin que se convierta en un problema recurrente.
Muestra frustración o malestar breves y luego se adapta.
Sigue angustiado, pide ayuda repetidamente o tiene dificultades para continuar con el día.
Se siente abrumado, no puede retomar una actividad cotidiana o se comporta de una manera que genera un riesgo inmediato para su seguridad.
2. Si un juguete, un artículo escolar, un movimiento o una frase dicha en voz alta no se siente exactamente bien, ¿qué hace su hijo?
No muestra una necesidad recurrente de ordenarlo, repetirlo o volver a empezarlo.
En ocasiones lo ajusta o lo repite, pero acepta que lo interrumpan.
Lo ordena, lo rehace o vuelve a empezarlo repetidamente hasta alcanzar una sensación determinada.
Se angustia muchísimo o no puede continuar cuando no logra completar la secuencia.
3. ¿Cómo se ven afectados el sueño y las rutinas nocturnas?
Las preocupaciones o los rituales no parecen interferir con disponerse a dormir ni con el sueño.
En ocasiones prolongan unos minutos la hora de acostarse.
Retrasan el sueño con frecuencia, requieren que se le tranquilice repetidamente o hacen que vuelva a empezar las rutinas.
Causan una angustia intensa, una pérdida prolongada de sueño o la imposibilidad de completar la rutina de acostarse sin mucha ayuda.
4. Cuando estar con amigos, las salidas familiares, los pasatiempos o los lugares cotidianos implican un desencadenante temido, ¿qué hace su hijo?
Participa sin una evitación recurrente vinculada al miedo.
A veces duda, pero suele participar con un apoyo moderado.
A menudo evita participar, se retira antes de tiempo o necesita rutinas o que lo tranquilicen para poder participar.
Se aparta de actividades importantes o siente una angustia abrumadora cuando no puede evitar participar.
5. Antes de salir de casa o irse a dormir, ¿cómo maneja su hijo la revisión de puertas, aparatos, tareas escolares o pertenencias?
Puede revisar una vez por una razón práctica, pero no vuelve repetidamente.
A veces hace una revisión adicional y luego sigue adelante.
Revisa repetidamente o le pide a otra persona que revise porque la certeza no le dura.
La revisión se vuelve prolongada, le causa una angustia intensa o le impide salir o disponerse a dormir.
6. ¿Su hijo ha descrito rituales silenciosos, como contar, repetir palabras mentalmente, repasar recuerdos o sustituir un pensamiento «malo» por uno «bueno»?
No ha informado rituales mentales de este tipo.
Ha descrito un hábito mental ocasional que puede dejar sin terminar fácilmente.
Utiliza rituales mentales repetidamente para reducir el malestar o evitar un resultado temido.
Los rituales acaparan gran parte de su atención, se sienten incontrolables o le causan una angustia intensa si se interrumpen.
7. ¿Qué efecto tienen estas preocupaciones o conductas repetitivas en las tareas escolares, la concentración o la asistencia?
No se ha observado ni informado ningún efecto relacionado.
Hay una distracción ocasional sin un efecto persistente en la participación.
Interrumpen repetidamente el trabajo, reducen la concentración o llevan a evitar algunas tareas.
Alteran gravemente el aprendizaje, causan ausencias repetidas o hacen que la participación escolar parezca inmanejable.
8. ¿A su hijo le ha preocupado que tener un pensamiento aterrador pueda hacer que ocurra algo malo o significar algo malo sobre él?
No ha expresado este tipo de preocupación.
Mencionó brevemente la idea y no siguió sintiéndose perturbado por ella.
Vuelve a esa preocupación y necesita ayuda para distinguir un pensamiento de una acción o un suceso.
El pensamiento le causa una angustia intensa, lo considera peligroso o revelador, o no puede dejar de centrarse en él.
9. Al lavarse las manos o bañarse, ¿qué patrón describe mejor la conducta de su hijo?
Por lo general, sigue una rutina de higiene habitual sin repeticiones impulsadas por una necesidad.
En ocasiones repite una parte de la rutina, pero puede detenerse sin mucha dificultad.
Se lava repetidamente, vuelve a empezar o sigue pasos rígidos porque detenerse le resulta incómodo.
El lavado es prolongado o enérgico, provoca daños en la piel o angustia intensa, o siente que le es imposible resistirse.
10. Después de un contacto cotidiano, como tocar la manija de una puerta o un pupitre escolar, ¿qué sucede si su hijo se preocupa por los gérmenes o la contaminación?
No muestra una preocupación persistente por la contaminación después de un contacto cotidiano.
En ocasiones expresa preocupación, pero se tranquiliza sin cambiar lo que está haciendo.
La preocupación vuelve o persiste incluso después de recibir una explicación tranquilizadora razonable o de seguir una higiene habitual.
El miedo se vuelve abrumador, provoca una angustia marcada o hace que el contacto cotidiano parezca imposible.
11. Durante las últimas cuatro semanas, ¿cómo ha descrito su hijo los pensamientos que siente como no deseados y que siguen volviendo?
No ha descrito pensamientos no deseados recurrentes.
Mencionó un pensamiento no deseado una o dos veces, pero siguió adelante sin mucha angustia.
Ha mencionado repetidamente pensamientos que le resultan difíciles de descartar o que le causan malestar.
Los pensamientos no deseados recurrentes le causan una angustia intensa, acaparan su atención o le hacen sentir que no puede afrontarlos.
12. ¿Cómo reacciona su hijo ante pensamientos o imágenes intrusivos que considera aterradores, vergonzosos o inaceptables?
No ha informado pensamientos o imágenes intrusivos de este tipo.
Ha mencionado una experiencia aislada que le causó poco malestar persistente.
Se altera, busca reiteradamente certezas sobre lo que significa o se esfuerza mucho por suprimirlo.
Siente miedo o vergüenza marcados, evita situaciones importantes o siente que no puede manejar los pensamientos.
13. Cuando su hijo pregunta si está a salvo, si es una buena persona, si ha sido perdonado o si es seguro que no ocurrirá nada malo, ¿qué patrón observa?
Sus preguntas dependen de la situación y una respuesta razonable suele ser suficiente.
En ocasiones vuelve a preguntar, pero puede tolerar cierto grado de incertidumbre.
Busca tranquilidad repetidamente o confiesa asuntos menores, y el alivio desaparece rápidamente.
La necesidad de recibir tranquilidad o confesar se vuelve urgente, prolongada o intensamente angustiante, y nada parece ser suficiente.
14. En una mañana habitual, ¿cuánto afectan las preocupaciones o las conductas repetitivas el vestirse, comer o salir a tiempo?
No afectan de manera perceptible la rutina de la mañana.
En ocasiones causan una demora breve que se resuelve fácilmente.
Con frecuencia hacen más lenta la rutina o requieren ayuda de la familia para terminarla.
Causan grandes demoras, hacen que se pierda actividades o provocan una angustia abrumadora ante la idea de salir.
15. Cuando algo se ve o se siente ligeramente desigual, incompleto o «no del todo bien», ¿cómo responde su hijo?
Las pequeñas imperfecciones no parecen generar una preocupación recurrente.
A veces nota esa sensación, pero puede dejar las cosas como están.
Sigue sintiéndose incómodo y tiene dificultades para concentrarse hasta que se resuelve la sensación.
La sensación le causa una angustia intensa o le hace sentir que es imposible continuar sin corregirlo.