¿Puede un psicólogo perjudicar a un paciente? Riesgos, señales de alerta y qué hacer
Iniciar una terapia suele ser un acto de confianza. Se comparten pensamientos vulnerables, recuerdos difíciles y partes de uno mismo que rara vez se sienten seguras en otros espacios. Por eso, cuando algo no encaja en terapia, cuando se sale de las sesiones sintiéndose más pequeño, más confundido o emocionalmente peor con el paso del tiempo, la experiencia puede resultar profundamente inquietante.
Muchas personas en España se preguntan en silencio si un psicólogo puede perjudicar a un paciente, pero dudan en expresarlo abiertamente. La terapia está pensada para ayudar, no para dañar. Y, sin embargo, aunque la psicoterapia es en general segura y eficaz, no está completamente libre de riesgos.
En la mayoría de los casos, sentirse incómodo o emocionalmente removido en terapia forma parte de un proceso de cambio significativo. Crecer implica retos, especialmente cuando salen a la superficie patrones antiguos o experiencias dolorosas. Pero existen situaciones en las que la terapia cruza la línea entre lo difícil pero útil y lo verdaderamente perjudicial, a menudo sin conductas claramente inapropiadas ni malas intenciones.
Este artículo te ayudará a comprender cuándo el malestar en terapia es esperable, cómo puede producirse un daño psicológico y qué señales de alerta merecen atención. También aprenderás cuáles son tus derechos como paciente en España, cómo actuar si sospechas que la terapia te está perjudicando y en qué momento buscar una segunda opinión o cambiar de profesional puede ser la opción más saludable.
Si llevas tiempo cuestionando tu experiencia en terapia, no estás exagerando ni siendo ingrato. Estás prestando atención, y eso es importante.

¿Puede un psicólogo perjudicar a un paciente? Una respuesta clara basada en la evidencia
Respuesta breve: sí, un psicólogo puede perjudicar a un paciente, aunque no es lo habitual y, cuando ocurre, suele hacerlo a través de procesos sutiles más que mediante conductas abiertamente inapropiadas.
La psicoterapia es una de las intervenciones en salud mental más estudiadas, y la gran mayoría de las personas se beneficia de ella. Aun así, ninguna profesión centrada en la relación humana está completamente exenta de riesgos. La terapia implica poder, confianza y vulnerabilidad emocional. Cuando estos elementos no se gestionan adecuadamente, puede producirse daño incluso sin intención de hacerlo.
Qué significa realmente el “daño” en terapia
El daño en psicoterapia no suele manifestarse como un abuso evidente. Con mayor frecuencia aparece como un impacto negativo gradual en el bienestar emocional del paciente, en su sentido de autonomía o en su funcionamiento cotidiano.
Algunos ejemplos pueden incluir:
- aumento persistente de la ansiedad, la vergüenza o la desesperanza;
- mayor dependencia del terapeuta en lugar de un incremento de la autonomía;
- confusión respecto a las propias percepciones o emociones;
- evitación de relaciones o apoyos externos;
- empeoramiento de los síntomas sin reflexión ni ajustes en el tratamiento.
Es importante señalar que estos efectos pueden aparecer incluso cuando el psicólogo está bien formado y cree sinceramente que está ayudando.
Por qué el daño puede producirse a pesar de las buenas intenciones
Los psicólogos son personas. Llegan a la consulta con sus propios puntos ciegos, preferencias teóricas, niveles de estrés y reacciones emocionales. Cuando estos factores interactúan de forma poco ajustada con las necesidades del paciente, la terapia puede desviarse de su propósito.
Según los criterios deontológicos del Consejo General de la Psicología en España y los colegios oficiales autonómicos, la práctica ética exige una autoobservación constante, supervisión profesional y capacidad de respuesta ante el feedback del paciente. El riesgo de daño aumenta cuando estos mecanismos fallan, por ejemplo, cuando el profesional minimiza las preocupaciones, aplica rígidamente un único enfoque o no detecta cómo sus propias reacciones influyen en el proceso terapéutico.
Malestar frente a daño: una distinción esencial
La terapia suele implicar malestar. Revisar recuerdos dolorosos, cuestionar creencias arraigadas o ensayar nuevas conductas puede resultar incómodo al principio. Una activación emocional temporal no equivale a daño.
La diferencia clave está en la dirección y en el acompañamiento:
- el malestar que conduce a mayor comprensión, alivio o mejores recursos de afrontamiento suele formar parte de una terapia saludable;
- el sufrimiento que se acumula, erosiona la confianza en uno mismo o limita el funcionamiento diario puede indicar un problema.
Un psicólogo competente revisa de forma periódica cómo está afectando la terapia al paciente y ajusta el enfoque cuando algo no funciona.
Con qué frecuencia ocurre una terapia perjudicial
La investigación indica que los daños graves y duraderos derivados de la psicoterapia son relativamente poco frecuentes, especialmente si se comparan con los beneficios que experimenta la mayoría de los pacientes. No obstante, los efectos negativos leves o moderados, como sentirse invalidado o incomprendido, se reportan con mayor frecuencia y merecen atención.
Lo más relevante no es cuán frecuente sea el daño, sino que los pacientes se sientan con la capacidad de reconocerlo y actuar en consecuencia.
Si te preguntas si lo que estás viviendo es una dificultad normal del proceso terapéutico o algo más preocupante, esa duda en sí misma ya merece ser tomada en serio. La terapia puede ser desafiante, pero no debería hacerte sentir atrapado, disminuido o inseguro.
Cuándo sentirse peor en terapia es normal y cuándo no lo es
Sentirse peor durante la terapia puede resultar confuso y desconcertante. Muchas personas esperan una mejora constante y, cuando las sesiones despiertan ansiedad, tristeza o dudas sobre uno mismo, es normal preguntarse si algo va mal. La realidad es más matizada: un malestar temporal puede formar parte de una terapia eficaz, pero un sufrimiento persistente puede indicar dinámicas terapéuticas perjudiciales que requieren atención.
Por qué la terapia puede resultar más difícil antes de empezar a mejorar
En una psicoterapia bien conducida, el malestar emocional suele aparecer por motivos comprensibles. La terapia puede sacar a la luz emociones evitadas durante años, cuestionar estrategias de afrontamiento protectoras o volver sobre experiencias dolorosas. Para algunas personas, especialmente aquellas que trabajan traumas o patrones de larga duración, esta activación forma parte del cambio.
Entre las reacciones habituales y generalmente normales se encuentran:
- sentirse emocionalmente vulnerable tras sesiones en las que se abordan temas difíciles;
- mayor conciencia de la ansiedad, el duelo o la ira que antes estaban reprimidos;
- alteraciones temporales de la rutina mientras se asientan nuevas comprensiones;
- cansancio o pesadez emocional que disminuyen con la reflexión y el apoyo.
Lo fundamental es que estas reacciones suelen ser limitadas en el tiempo y se dan dentro de una relación terapéutica que se percibe colaborativa, respetuosa y alineada con los objetivos del paciente.
Qué diferencia el malestar del daño
La pregunta clave es la siguiente: ¿ese malestar conduce a algo constructivo? Una terapia saludable mantiene una sensación de contención. Incluso cuando las sesiones son exigentes, la mayoría de los pacientes se sienten comprendidos, acompañados y capaces de recuperar el equilibrio emocional entre una cita y otra.
Las señales de que la terapia puede estar entrando en un terreno perjudicial incluyen:
- un malestar que se intensifica sesión tras sesión sin alivio;
- sensación constante de ser incomprendido, culpabilizado o desestimado;
- presión para tolerar el sufrimiento sin explicación ni consentimiento;
- confusión acerca de los objetivos de la terapia;
- aumento de la dependencia o pérdida de confianza fuera de las sesiones.
Cuando estos patrones se mantienen, el problema no es que la terapia sea exigente, sino que no se esté adaptando a las necesidades del paciente.
El papel del ritmo, el consentimiento y el feedback
La psicoterapia ética se basa en el consentimiento informado y en la colaboración continua. El psicólogo debe explicar el sentido del trabajo más difícil, invitar al feedback y ajustar el ritmo cuando algo resulta abrumador.
Si expresas que la terapia te desestabiliza, un profesional responsable explorará esa preocupación con curiosidad, no con defensividad. Puede ralentizar el proceso, aclarar objetivos o modificar las técnicas. Cuando las inquietudes se minimizan o se reinterpretan como “resistencia”, conviene detenerse y reevaluar.
Trauma, retraumatización y riesgo
En personas con antecedentes traumáticos, la línea entre una activación productiva y el daño puede ser especialmente fina. La terapia informada en trauma prioriza la seguridad, la elección y la exposición gradual. Cuando el trabajo con el trauma se acelera o se realiza sin sintonía, puede producirse retraumatización, un estado en el que los síntomas empeoran y el sistema nervioso permanece en modo de amenaza.
Esto no significa que la terapia del trauma sea insegura, sino que la forma en que se lleva a cabo es tan importante como los contenidos que se abordan.
Una autoevaluación sencilla
Si no tienes claro dónde te sitúas, puedes plantearte las siguientes preguntas:
- con el tiempo, ¿siento mayor claridad o más confusión?;
- ¿mi terapeuta está abierto a hablar sobre cómo me hace sentir la terapia?;
- ¿me siento respetado y emocionalmente seguro, incluso cuando las sesiones son difíciles?;
- ¿mi funcionamiento cotidiano mejora gradualmente, se mantiene igual o empeora?
No necesitas respuestas perfectas. Estas preguntas sirven para identificar patrones, y son precisamente los patrones los que ayudan a distinguir el malestar terapéutico normal de las situaciones en las que un psicólogo puede estar perjudicando a un paciente.
Cómo la terapia puede volverse perjudicial: mecanismos psicológicos habituales
La terapia rara vez se vuelve perjudicial porque el psicólogo tenga la intención de causar daño. Con mayor frecuencia, el perjuicio surge a través de mecanismos psicológicos sutiles que se desarrollan con el tiempo, especialmente cuando no se gestionan bien las dinámicas de poder, los límites profesionales o los circuitos de retroalimentación. Comprender estos mecanismos puede ayudarte a dar sentido a tu experiencia sin culparte ni asumir mala fe.
Rupturas en la alianza terapéutica
La alianza terapéutica, es decir, la sensación de que terapeuta y paciente trabajan juntos hacia objetivos compartidos, es uno de los factores que mejor predicen resultados positivos. Cuando esta alianza se debilita y no se repara, la terapia puede estancarse o volverse perjudicial.
Las rupturas en la alianza suelen manifestarse de la siguiente manera:
- te sientes incomprendido o no escuchado, pero nunca se aborda;
- los objetivos se diluyen, pero las sesiones continúan sin claridad;
- el feedback se desincentiva o se reformula como un defecto personal.
Los malentendidos puntuales son normales. Lo que marca la diferencia es la reparación. Cuando las preocupaciones se descartan de forma reiterada, el paciente puede empezar a dudar de sus propias percepciones, lo que erosiona la confianza en uno mismo.
Desequilibrio de poder y problemas de límites
La terapia implica un desequilibrio de poder inherente. El psicólogo dispone de autoridad profesional, lenguaje clínico e influencia sobre la interpretación de las experiencias. Cuando los límites se difuminan, este desequilibrio puede volverse dañino.
Los problemas de límites pueden incluir:
- desaconsejar opiniones externas o apoyos alternativos;
- situar al terapeuta como la única fuente de comprensión o seguridad;
- compartir en exceso información personal que desplaza el foco de la terapia;
- tomar decisiones por el paciente en lugar de tomarlas con él.
Estas dinámicas pueden fomentar de manera silenciosa la dependencia en lugar del crecimiento personal.
Invalidación emocional y gaslighting sutil
Una de las experiencias más dañinas en terapia es la invalidación persistente. No se trata de un desacuerdo puntual, sino de que la vivencia emocional del paciente sea minimizada o reinterpretada de forma reiterada como errónea.
Algunos ejemplos incluyen:
- Eso no ocurrió realmente como tú lo recuerdas.
- Simplemente estás resistiéndote.
- Tu reacción demuestra que no estás preparado para sanar.
Con el tiempo, esto puede generar confusión, vergüenza y una pérdida de confianza en el propio criterio, especialmente cuando procede de un profesional de referencia.
Uso rígido de un único modelo terapéutico
Las terapias basadas en la evidencia son eficaces cuando se aplican con flexibilidad. El daño puede aparecer cuando el psicólogo se aferra de forma rígida a un solo enfoque, sin tener en cuenta si se ajusta a la historia, la cultura o la capacidad actual del paciente.
Por ejemplo:
- trabajos de exposición sin preparación suficiente;
- técnicas cognitivas utilizadas para esquivar un dolor emocional legítimo;
- procesamiento del trauma sin una estabilización previa adecuada.
Cuando las técnicas se aplican sin sintonía, los síntomas pueden intensificarse en lugar de aliviarse.
Retraumatización y pérdida de seguridad
En pacientes con antecedentes de trauma, la terapia debe priorizar la seguridad emocional y fisiológica. La retraumatización se produce cuando la terapia sobrepasa al sistema nervioso y recrea una sensación de amenaza en lugar de favorecer la regulación.
Entre las señales se incluyen:
- aumento de recuerdos intrusivos o crisis de pánico;
- desbordamiento emocional sin estrategias de regulación;
- sensación de inseguridad antes, durante o después de las sesiones.
La atención psicológica informada en trauma pone el acento en el ritmo, la elección y el consentimiento. Cuando estos elementos faltan, incluso una terapia bienintencionada puede causar daño.
Estrés, desgaste profesional o puntos ciegos del terapeuta
Los psicólogos no son inmunes al estrés, al burnout o a la contratransferencia. Cuando el profesional está sobrecargado o carece de apoyo, puede mostrarse menos sintonizado, más defensivo o excesivamente directivo.
Esto puede manifestarse como:
- impaciencia o irritabilidad durante las sesiones;
- menor curiosidad por la experiencia del paciente;
- evitación del feedback difícil.
Estos factores no justifican el daño, pero ayudan a entender cómo puede producirse y por qué la supervisión y la autoevaluación profesional son fundamentales.

Cómo se manifiestan estos mecanismos en la práctica
| Mecanismo | Cómo puede verse en terapia | Por qué puede ser perjudicial |
|---|---|---|
| Ruptura de la alianza | las preocupaciones no se abordan ni se reparan | deterioro de la confianza y del compromiso terapéutico |
| Problemas de límites | presión para depender únicamente del terapeuta | incremento de la dependencia |
| Invalidación | las emociones se minimizan de forma reiterada | pérdida de confianza en uno mismo |
| Uso rígido de técnicas | métodos uniformes para todos los casos | empeoramiento de los síntomas |
| Retraumatización | sobrecarga emocional sin estabilización | desregulación del sistema nervioso |
| Desgaste profesional | distancia emocional o actitud defensiva | reducción de la calidad asistencial |
Por qué es importante comprender estos mecanismos
Identificar estos patrones permite cambiar la pregunta de “¿qué me pasa a mí?” a “¿qué está ocurriendo en esta relación?”. La terapia está pensada para aumentar la claridad y la capacidad de decisión. Cuando sucede lo contrario, prestar atención no es una traición, sino una forma de protección.
No necesitas diagnosticar a tu terapeuta ni demostrar una mala praxis para tomarte en serio tu experiencia. Reconocer estos mecanismos suele ser el primer paso para decidir si es posible reparar la relación terapéutica, realizar un cambio o buscar otro tipo de apoyo.
Señales de alerta de que un psicólogo puede estar perjudicándote
La mayoría de las dificultades en terapia son sutiles. Por eso es importante reconocer las señales de alerta, no para señalar culpables, sino para proteger tu bienestar. Estas señales no requieren conocimientos clínicos para detectarse. Se basan en cómo la terapia afecta, con el tiempo, a tu sensación de seguridad, autonomía y funcionamiento.
Señales relacionadas con la relación terapéutica
Una relación terapéutica sana permite el desacuerdo, la curiosidad y la reparación. Las señales de alerta suelen aparecer cuando esa flexibilidad desaparece.
Presta atención si observas lo siguiente:
- sientes miedo a cuestionar al terapeuta o a expresar dudas;
- tus preocupaciones se reinterpretan de forma constante como defectos personales;
- las sesiones se perciben unidireccionales, con poco espacio para tu punto de vista;
- el feedback se recibe con defensividad o desestimación;
- sales de las sesiones sintiéndote más pequeño, avergonzado o silenciado.
La terapia no debería exigir sumisión emocional. El desafío y la seguridad pueden coexistir.
Señales relacionadas con los límites y el poder
Dado que la terapia implica un desequilibrio de poder, los límites éticos son fundamentales. Cuando se debilitan, el daño puede aparecer.
Entre los patrones preocupantes se incluyen:
- presión para reducir o evitar apoyos externos;
- desaconsejar la búsqueda de una segunda opinión;
- autorrevelación excesiva que desplaza el foco hacia el terapeuta;
- roles o expectativas poco claros;
- insinuaciones sutiles de que solo el terapeuta te comprende de verdad.
Mantener límites claros protege tanto al paciente como al profesional. Cuando estos se difuminan, el paciente suele sentirse confuso o dependiente en lugar de fortalecido.
Señales en cómo la terapia afecta a tu vida
Uno de los indicadores más claros de una terapia perjudicial es lo que ocurre fuera de la consulta.
Conviene ser cauteloso si observas:
- un deterioro progresivo de tu funcionamiento diario;
- dificultades en las relaciones o en el trabajo que no se abordan en terapia;
- erosión de la confianza en tu capacidad para tomar decisiones;
- que la terapia se convierte en el principal o único lugar donde te sientes bien;
- aumento del malestar emocional sin un plan para estabilizarlo.
Una alteración temporal puede formar parte del crecimiento. Un deterioro prolongado sin explicación ni ajustes es distinto.
Señales en la comunicación y el consentimiento
La terapia ética es colaborativa y transparente. Debes comprender por qué se utilizan determinadas intervenciones y tener capacidad de decisión sobre el ritmo del proceso.
Entre las señales de alerta se encuentran:
- aplicación de técnicas sin explicación ni consentimiento;
- presión para avanzar más rápido de lo que resulta seguro;
- desestimación de tus límites calificándolos como evitación;
- ausencia de objetivos claros o de una dirección definida;
- resistencia a hablar sobre alternativas terapéuticas.
Si no sabes qué pretende conseguir la terapia, es un problema que merece ser abordado.
Una nota sobre intención e impacto
Este es el punto clave: el daño no requiere malas intenciones. Un psicólogo puede ser cuidadoso y experimentado y, aun así, causar daño si pasa por alto señales importantes o no ajusta su intervención. Centrarse en el impacto, y no en la intención, ayuda a tomar decisiones sin quedar atrapado en la autocrítica.
Un momento práctico para detenerse y evaluar
Si no estás seguro de si lo que experimentas constituye una señal de alerta, prueba con esta breve reflexión:
- con el tiempo, ¿me siento más fortalecido o más dependiente?;
- ¿confío más o menos en mis propias percepciones desde que inicié la terapia?;
- ¿hay espacio para hablar abiertamente de cómo me afecta la terapia?;
- ¿recomendaría a una persona cercana permanecer en esta situación?
No hace falta que las respuestas sean dramáticas. Los patrones sutiles suelen ser los más reveladores.
No todas las señales de alerta implican que la terapia deba finalizar de inmediato. Algunas pueden abordarse mediante una conversación honesta o un proceso de reparación. Pero la presencia de múltiples señales, o de señales persistentes, merece una reflexión seria. La terapia debe apoyar tu autonomía, no socavarla de forma silenciosa.
Qué hacer si crees que la terapia te está perjudicando
Darse cuenta de que la terapia puede estar causando daño suele generar miedo, culpa o confusión. Muchas personas temen exagerar o se sienten leales a su terapeuta, incluso cuando algo no va bien. Aun así, no necesitas una certeza absoluta para cuidarte. Existen pasos reflexivos y proporcionados que puedes dar sin romper puentes ni ponerte en riesgo.
Paso 1: detenerse y poner nombre a lo que ocurre
Antes de tomar decisiones, conviene bajar el ritmo. Intenta describir tus preocupaciones en términos concretos, en lugar de juicios globales.
Por ejemplo:
- me siento más ansioso después de las sesiones y esa sensación no desaparece;
- salgo de la consulta sintiéndome culpado o incomprendido;
- ya no tengo claro cuál es el objetivo de la terapia.
La claridad ayuda a diferenciar las reacciones emocionales puntuales de los patrones que merecen atención.
Paso 2: decidir si hablarlo con tu terapeuta
En muchos casos es apropiado, y a menudo útil, plantear estas preocupaciones directamente en sesión. Una relación terapéutica sana puede tolerar el feedback y utilizarlo de forma constructiva.
Podrías expresarlo así:
- quiero hablar de cómo me está afectando la terapia últimamente;
- en general me siento peor y no entiendo bien por qué;
- necesito ayuda para saber si este enfoque sigue siendo adecuado para mí.
Un psicólogo responsable responderá con curiosidad, no con defensividad. Puede explorar ajustes, clarificar objetivos o sugerir una derivación si considera que otro enfoque sería más adecuado.
Si tus preocupaciones se minimizan, se descartan o se reinterpretan como un fallo personal tuyo, esa reacción en sí misma aporta información relevante.
Paso 3: buscar una segunda opinión
Obtener la perspectiva de otro profesional puede resultar muy clarificador, especialmente cuando te sientes confundido o estancado. Pedir una segunda opinión no implica acusar al terapeuta de mala praxis, sino añadir contexto.
Una consulta breve con otro psicólogo colegiado puede ayudarte a valorar:
- si tus reacciones encajan dentro de las dificultades habituales de la terapia;
- si el enfoque actual se ajusta a tus necesidades y a tu historia personal;
- qué alternativas podrían existir.
Este paso es especialmente útil cuando percibes dinámicas de poder o dependencia.
Paso 4: plantearse cambiar o finalizar la terapia
Finalizar una terapia es una opción válida, incluso si el terapeuta no ha cometido nada claramente incorrecto. Tienes derecho a dejar un proceso que no te está ayudando.
Las opciones incluyen:
- un cierre planificado que permita elaborar la despedida;
- una transición gradual hacia otro profesional;
- una pausa inmediata si te sientes inseguro.
No debes mantener una terapia a costa de tu bienestar. Los psicólogos éticos comprenden esto y respetan la autonomía del paciente.
Paso 5: conocer tus derechos como paciente
En España, los pacientes tienen derecho a:
- recibir información clara sobre los métodos de intervención;
- una atención respetuosa y no coercitiva;
- solicitar segundas opiniones;
- finalizar la terapia en cualquier momento;
- presentar una queja si se vulneran principios éticos.
Si crees que el daño ha implicado una vulneración de límites o una conducta poco ética, documentar tu experiencia puede ser útil, incluso si aún no sabes cómo la utilizarás.
Preocupaciones habituales y respuestas prácticas
| Preocupación | Primer paso razonable | Quién puede ayudar |
|---|---|---|
| no sé si esto es normal | solicitar una consulta | otro psicólogo colegiado |
| me siento dependiente de mi terapeuta | reducir la frecuencia o pausar | terapeuta u otro profesional |
| la terapia empeora mis síntomas | revisar el enfoque | psicólogo, médico de atención primaria o psiquiatra |
| me siento inseguro o presionado | interrumpir las sesiones | profesional de confianza o servicios de urgencias |
| creo que se han vulnerado principios éticos | documentar lo ocurrido | colegio oficial de psicología |
¿Es posible recuperarse tras una terapia perjudicial? Lo que muestran la investigación y la práctica clínica
Vivir una experiencia dañina en terapia puede dejar dudas profundas, no solo sobre un psicólogo concreto, sino sobre la propia terapia en general. Muchas personas se preguntan si el daño puede revertirse o si cargarán siempre con las consecuencias de una experiencia terapéutica negativa. La noticia alentadora es que la recuperación es posible y, para muchos pacientes, acaba convirtiéndose en un punto de inflexión significativo, no en un final.

Sí, la recuperación es posible y frecuente
La investigación y la experiencia clínica indican que la mayoría de las personas que han sufrido efectos perjudiciales en terapia mejoran con el tiempo y con el apoyo adecuado. El daño emocional en terapia suele afectar a la confianza, a la autoestima y a la regulación emocional, ámbitos que responden bien a experiencias correctivas.
En muchos casos, lo que más ayuda no es evitar la terapia para siempre, sino vivir una experiencia terapéutica diferente.
Cómo suele desarrollarse el proceso de recuperación
La recuperación rara vez es inmediata. Suele seguir varias fases reconocibles:
- recuperar la confianza en uno mismo. Muchas personas necesitan tiempo para reconectar con sus propias percepciones tras haberse sentido invalidadas o confundidas. Reconocer que algo no iba bien suele ser el primer paso;
- dar sentido a la experiencia. Hablar de lo ocurrido con una persona de confianza u otro profesional ayuda a diferenciar la responsabilidad personal de los factores relacionales o sistémicos;
- restaurar la capacidad de decisión. Elegir cuándo, cómo y si volver a la terapia devuelve un sentido de control que puede haberse perdido;
- crear nuevas experiencias relacionales. Las relaciones sanas, incluidas las terapéuticas futuras, contrarrestan progresivamente el impacto del daño previo.
¿Puede ayudar otro terapeuta tras una terapia perjudicial?
Para muchas personas, la respuesta es afirmativa, siempre que se den las condiciones adecuadas.
Un profesional competente:
- reconoce el daño previo sin minimizarlo;
- avanza a un ritmo que prioriza la seguridad y el consentimiento;
- explica en qué se diferencia su enfoque;
- invita de forma activa al feedback y a las preguntas;
- enfatiza la colaboración por encima de la autoridad.
De hecho, vivir una relación terapéutica respetuosa y transparente puede resultar reparadora en sí misma. Ayuda a restaurar la confianza no solo en la terapia, sino también en la propia capacidad para elegir relaciones seguras.
Cuándo también es válido tomar distancia de la terapia
La recuperación no exige retomar la terapia de inmediato. Algunas personas se benefician de hacer una pausa, centrarse en relaciones de apoyo o utilizar estrategias de afrontamiento autodirigidas antes de volver, si deciden hacerlo.
Lo importante es que la decisión sea autodirigida y no basada en el miedo.
Una perspectiva realista y esperanzadora
Esta es la realidad equilibrada: una terapia perjudicial puede dejar huellas emocionales reales, pero no define tu capacidad de crecimiento, conexión o recuperación. Muchas personas señalan que aprender a reconocer dinámicas poco saludables, incluso en un contexto terapéutico, fortalece finalmente sus límites y su autoconocimiento.
Si en algún momento el malestar se intensifica hasta aparecer pensamientos de desesperanza o autolesión, el apoyo inmediato es fundamental. En España, puedes llamar al 024, Línea 024 de atención a la conducta suicida. En caso de peligro inmediato, llama al 112.
Recuperarse tras una terapia perjudicial no consiste en borrar el pasado, sino en restaurar la confianza, en uno mismo, en las propias decisiones y, cuando estés preparado, en apoyos seguros.
Referencias
1. Consejo General de la Psicología de España. Código Deontológico del Psicólogo. Edición vigente.
2. Consejo General de la Psicología de España. La alianza terapéutica en psicoterapia. Publicaciones profesionales.
3. Ministerio de Sanidad. Guías y recursos sobre psicoterapia y salud mental. Gobierno de España.
4. Consejo General de la Psicología de España. Cuando la terapia no funciona. Documentación profesional.
5. Ministerio de Sanidad. Recursos públicos de atención a la salud mental y prevención del suicidio.
Conclusión
La terapia está concebida para favorecer la comprensión, el alivio y el crecimiento personal, pero, como cualquier proceso humano intenso, conlleva riesgos cuando no está bien ajustada, se desarrolla a un ritmo inadecuado o vulnera principios éticos. Sí, un psicólogo puede perjudicar a un paciente, generalmente a través de dinámicas relacionales sutiles más que por conductas claramente inapropiadas. Reconocer esta posibilidad no desacredita la terapia, sino que la refuerza.
Si la terapia te hace sentir disminuido, inseguro o cada vez más confundido con el tiempo, tu experiencia merece atención. El malestar por sí solo no es el problema. La ausencia de seguridad, colaboración y capacidad de respuesta sí lo es.
Tienes derecho a hacer preguntas, buscar segundas opiniones, cambiar de profesional o pausar la terapia. Las experiencias perjudiciales pueden repararse, especialmente cuando el paciente recupera su autonomía y recibe un apoyo ajustado, ya sea a través de otro terapeuta o de otros recursos.
Si el malestar evoluciona hacia pensamientos de autolesión o desesperanza, la ayuda está disponible. En España, puedes llamar al 024 para recibir apoyo inmediato. En situaciones de urgencia, llama al 112.
Preguntas frecuentes
¿Es habitual que la terapia sea perjudicial?
Los daños graves y duraderos derivados de la terapia son poco frecuentes y la mayoría de las personas se beneficia de la psicoterapia. No obstante, pueden aparecer efectos negativos leves o moderados, como sentirse invalidado o incomprendido, que deben tomarse en serio.
¿Debería decirle a mi terapeuta que la terapia me resulta perjudicial?
En muchos casos, sí. Los profesionales éticos aceptan el feedback y exploran las preocupaciones de forma colaborativa. Si tus inquietudes se minimizan o se reinterpretan como defectos personales, esa respuesta también es información relevante.
¿Cómo saber si se trata solo de una mala adecuación?
Una mala adecuación suele implicar diferencias de estilo o enfoque, pero dentro de un marco respetuoso y seguro. Una terapia perjudicial, en cambio, implica malestar persistente, pérdida de autonomía o problemas de límites que no mejoran al abordarlos.
¿Puedo abandonar la terapia de forma abrupta?
Sí. Tienes derecho a finalizar la terapia en cualquier momento. Aunque un cierre planificado puede ser útil, tu seguridad y bienestar son prioritarios, especialmente si te sientes presionado o inseguro.
¿Puede ayudar otro terapeuta después de una experiencia negativa?
En muchos casos, sí. Un nuevo profesional que reconozca el daño previo, priorice el consentimiento y trabaje de forma colaborativa puede ayudar a restaurar la confianza y apoyar la recuperación.
¿Cuándo conviene presentar una queja contra un psicólogo?
Puede ser apropiado cuando existen vulneraciones de límites, coerción, explotación o problemas éticos reiterados. Consultar con otro profesional o con el colegio oficial de psicología puede ayudar a aclarar las opciones.