La interpretación del dibujo de una persona: guía para psicólogos
Los psicólogos se encuentran con frecuencia con dibujos de la figura humana en contextos de evaluación o terapia y experimentan una incertidumbre discreta sobre hasta qué punto es legítimo extraer significado de ellos. Estas situaciones suelen generar preguntas prácticas más que dudas profesionales: ¿qué estoy observando realmente y hasta dónde puede llegar una interpretación responsable?
La interpretación del dibujo de una persona en psicología hace referencia a una forma estructurada y orientada a la formulación de hipótesis de observar cómo una persona representa a sí misma o a otros a través del dibujo de una figura humana. En lugar de ofrecer diagnósticos o conclusiones definitivas, estos dibujos aportan material clínico cualitativo que puede ayudar a comprender la imagen corporal, la experiencia emocional y la perspectiva evolutiva cuando se consideran junto con entrevistas, antecedentes y herramientas estandarizadas. Utilizados con criterio, fomentan la curiosidad clínica sin sustituir la evaluación basada en la evidencia.
En la práctica clínica en España, los dibujos de la figura humana se abordan con cautela y rigor profesional. Los sistemas diagnósticos vigentes no reconocen los dibujos como herramientas diagnósticas, y los códigos deontológicos del Consejo General de la Psicología subrayan la importancia de evitar la sobreinterpretación o la atribución simbólica categórica. Por ello, los dibujos resultan más útiles cuando se tratan como puntos de partida para la exploración clínica y la formulación de hipótesis, no como respuestas cerradas.
En este artículo se explica cómo los psicólogos interpretan un dibujo de una persona de forma clínicamente responsable, qué puede y qué no puede aportar este material, cómo influyen los factores evolutivos y culturales en su significado y de qué manera integrar las observaciones derivadas del dibujo en una práctica ética y alineada con la evidencia.

Qué representa un dibujo de una persona en psicología
Un dibujo de una persona se entiende mejor como una forma de comunicación simbólica que como una ventana directa al diagnóstico o a la psicopatología. En el trabajo psicológico, ofrece una imagen puntual de cómo una persona decide representar el cuerpo humano, a sí misma o a otra persona en un momento concreto. Esta representación puede reflejar tono emocional, autopercepción y temas relacionales, pero solo cuando se interpreta dentro de un contexto clínico más amplio.
Expresión proyectiva y comunicación simbólica
Los dibujos de la figura humana suelen encuadrarse dentro de los métodos proyectivos. La idea central es sencilla: cuando se propone una tarea abierta y con poca estructura, las personas tienden a proyectar aspectos de su experiencia interna en la actividad. En el caso del dibujo de una persona, esta proyección puede manifestarse en la organización del cuerpo, los énfasis, las minimizaciones o las omisiones.
Ahora bien, la proyección no implica una traducción literal de los estados internos en símbolos gráficos. Un dibujo no contiene significado por sí mismo. El sentido emerge de la interacción entre el dibujo, las asociaciones verbales de la persona, su nivel de desarrollo y las hipótesis clínicas del psicólogo. En la práctica profesional en España, esta distinción es clave para diferenciar un uso responsable de la interpretación especulativa.
Por ello, los psicólogos consideran los dibujos como material expresivo. El valor reside menos en los elementos aislados y más en los patrones, las elecciones realizadas y el tono emocional de la tarea. Un dibujo puede abrir un espacio para la reflexión, la curiosidad y el diálogo, especialmente cuando el acceso a la experiencia a través del lenguaje resulta difícil.
Imagen corporal, esquema corporal y representación emocional
Una de las razones por las que la interpretación del dibujo de una persona puede resultar clínicamente útil es su relación con la imagen corporal y el esquema corporal. La forma en que una persona organiza la figura humana suele reflejar cómo se experimenta a sí misma a nivel físico y psicológico. Las proporciones, la postura o el nivel de detalle pueden ofrecer indicios sobre la comodidad con el propio cuerpo, la visibilidad o los límites personales, pero siempre como observaciones provisionales, no como conclusiones.
En algunas personas, especialmente en niños, el dibujo constituye una vía evolutivamente adecuada para expresar emociones que aún no pueden verbalizarse con claridad. En adultos, los dibujos suelen reflejar estados emocionales actuales, niveles de estrés o actitudes hacia uno mismo, más que rasgos estables de personalidad. Por este motivo, los psicólogos formulan preguntas abiertas como ¿puedes contarme algo sobre esta persona?, en lugar de asumir significados.
La práctica basada en la evidencia en España subraya que la representación emocional en los dibujos está fuertemente condicionada por el contexto. El cansancio, la ansiedad ante la tarea, las normas culturales relacionadas con el dibujo y la experiencia previa con actividades artísticas influyen en el resultado final. Ignorar estos factores aumenta el riesgo de interpretación errónea.
Por qué los dibujos reflejan experiencia y no diagnósticos
Una creencia extendida es que determinados elementos de un dibujo señalan directamente la presencia de un trastorno mental. Desde un punto de vista ético y científico, esta idea es incorrecta. Los sistemas diagnósticos actuales establecen que los diagnósticos se basan en patrones de síntomas, duración, impacto funcional y juicio clínico, no en material proyectivo de forma aislada.
En la práctica profesional, la interpretación del dibujo de una persona contribuye a la generación de hipótesis clínicas. Puede señalar áreas que conviene explorar con mayor profundidad, como la autoestima, la regulación emocional o los temas interpersonales, pero no puede confirmar ni descartar ningún diagnóstico. Este límite protege tanto a la persona atendida como al profesional.
Cuando se utilizan de forma adecuada, los dibujos enriquecen la comprensión clínica sin sustituir las entrevistas estructuradas ni las herramientas estandarizadas. Constituyen una pieza de información cualitativa dentro de una formulación más amplia, aportando profundidad, no certeza.
Cómo interpretan los psicólogos un dibujo de una persona en la práctica clínica
La interpretación de un dibujo de una persona en la práctica clínica es un proceso cuidadoso y gradual, basado en la observación, el contexto y la contención interpretativa. En lugar de preguntarse qué significa un detalle concreto, los psicólogos se centran en cómo se ha realizado el dibujo, cómo se relaciona la persona con él y de qué manera encaja dentro del conjunto de la información clínica disponible. Este enfoque es coherente con los estándares de la práctica basada en la evidencia en España y reduce el riesgo de interpretaciones simbólicas excesivas.
La observación precede a la interpretación
La primera tarea es descriptiva, no interpretativa. El psicólogo comienza registrando las características observables sin atribuirles significado. Esto incluye aspectos como el tamaño general de la figura, su ubicación en la hoja, el nivel de detalle, la calidad del trazo y el grado de finalización del dibujo. En esta fase, el objetivo es describir lo que está presente, no explicar por qué lo está.
Esta secuencia disciplinada es fundamental. Pasar demasiado rápido a la interpretación puede introducir sesgos del profesional y debilitar el razonamiento clínico. Al separar claramente la observación de la inferencia, el dibujo se mantiene como un material neutral que posteriormente puede integrarse con la información procedente de entrevistas y observaciones conductuales.
El psicólogo también presta atención al proceso de realización del dibujo. Las dudas, los borrados, la frustración o el grado de implicación durante la tarea pueden resultar tan informativos como el resultado final. Estas conductas se registran como parte de la interacción clínica, no como indicadores de psicopatología.
De los rasgos observados a las preguntas clínicas
Una vez documentadas las observaciones, el psicólogo las transforma en preguntas clínicas en lugar de afirmaciones. Por ejemplo, una figura inusualmente pequeña no significa baja autoestima, pero puede suscitar curiosidad sobre cómo la persona vive su presencia, su confianza o su sensación de seguridad emocional. Este paso de la interpretación a la exploración es central para una interpretación responsable del dibujo de una persona.
| Rasgo observado | Posible pregunta clínica | Límites de la interpretación |
|---|---|---|
| Figura muy pequeña o muy grande | ¿Cómo experimenta la persona su presencia o el espacio? | El tamaño por sí solo no indica valía personal ni psicopatología |
| Omisión de partes del cuerpo | ¿Existen temas de evitación o incomodidad? | Las omisiones pueden deberse a la edad, el estilo o el tiempo disponible |
| Trazos muy marcados u oscuros | ¿Hay una intensidad emocional o tensión actuales? | La presión del trazo depende de hábitos motores y del material utilizado |
| Escaso nivel de detalle | ¿La tarea se vive como incómoda o poco relevante? | La simplicidad puede reflejar eficiencia o preferencia artística |
El papel de la asociación verbal
La interpretación no se produce en silencio. Un elemento central del uso clínico del dibujo es invitar a la persona a describir lo que ha dibujado. Preguntas abiertas como ¿puedes contarme algo sobre esta persona? o ¿qué está ocurriendo aquí? permiten que el significado emerja desde la perspectiva del propio sujeto.

Con frecuencia, el relato asociado al dibujo aporta información clínicamente más relevante que el dibujo en sí. Una figura que parece neutra sobre el papel puede ser descrita como sola, ansiosa o fuerte, revelando vivencias internas que no serían visibles a partir de la observación gráfica. Esto refuerza la idea de que los dibujos favorecen el diálogo en lugar de sustituirlo.
En la formación clínica en España se enfatiza esta exploración colaborativa como una protección frente a la proyección del profesional. El significado se construye conjuntamente, no se impone.
La integración del dibujo en la formulación clínica
La interpretación del dibujo de una persona solo adquiere valor cuando se integra con otras fuentes de información. El psicólogo lo considera junto con la historia evolutiva, los factores estresantes actuales, las pruebas estandarizadas y la conducta observada. Cuando aparecen patrones coincidentes en distintas fuentes, aumenta la solidez de las hipótesis clínicas.
Por el contrario, cuando el dibujo resulta incongruente con otros datos, se entiende como una expresión situacional o exploratoria, no como un elemento contradictorio. Esta flexibilidad es un signo de juicio profesional, no de debilidad metodológica.
En última instancia, la interpretación es siempre provisional. Los dibujos se utilizan para profundizar en la comprensión, orientar evaluaciones posteriores o apoyar el vínculo terapéutico, no para fijar conclusiones definitivas.
Qué puede y qué no puede decir a un psicólogo un dibujo de una persona
Un dibujo de una persona puede aportar profundidad a la comprensión clínica, pero solo cuando se respetan con claridad sus límites. En la práctica psicológica en España, el valor de los dibujos reside en las preguntas que invitan a plantear, no en lo que supuestamente revelan por sí mismos. Esta distinción protege frente a la sobreinterpretación y mantiene la evaluación alineada con los criterios éticos y científicos.
Por qué los dibujos no pueden diagnosticar trastornos mentales
Ningún dibujo, por llamativo o inusual que resulte, puede servir para diagnosticar un trastorno mental. Los sistemas diagnósticos vigentes establecen que los diagnósticos se basan en conjuntos de síntomas, su duración, el impacto en el funcionamiento y el juicio clínico fundamentado en múltiples fuentes de información. El material proyectivo, incluidos los dibujos de la figura humana, no cumple estos criterios de manera aislada.
Un dibujo puede reflejar el tono emocional, el nivel de estrés o la autopercepción en un momento concreto, pero estos aspectos son variables. El estado de ánimo, el cansancio, la ansiedad ante la tarea o incluso el contexto de la evaluación pueden influir en lo que aparece en el papel. Tratar un único dibujo como prueba de un trastorno ignora esta variabilidad y conlleva el riesgo de patologizar respuestas normales.
Desde una perspectiva ética, atribuir significado diagnóstico a los dibujos de forma aislada también genera problemas de transparencia y responsabilidad profesional. Las personas atendidas tienen derecho a comprender cómo se alcanzan las conclusiones clínicas, y las interpretaciones basadas en simbolismos subjetivos resultan difíciles de justificar sin evidencia complementaria.
Qué pueden aportar los dibujos de manera significativa
Cuando se utilizan de forma adecuada, la interpretación del dibujo de una persona puede apoyar la formulación de hipótesis clínicas. Puede señalar temas que merece la pena explorar con mayor profundidad, como la vivencia del propio cuerpo, las relaciones o los límites emocionales. En niños y adolescentes, los dibujos pueden resultar especialmente útiles cuando la expresión verbal es limitada o cuando hablar de determinados temas resulta abrumador.
Los dibujos también pueden cumplir una función relacional. Dibujar juntos puede reducir la defensividad, favorecer la implicación y ofrecer un punto de referencia compartido para la conversación. En el contexto terapéutico, esto puede abrir diálogos que de otro modo quedarían inaccesibles.
En la evaluación psicológica, los dibujos pueden complementar las entrevistas y las pruebas estandarizadas aportando contexto cualitativo. Por ejemplo, pueden ayudar al psicólogo a detectar discrepancias entre lo que la persona relata y lo que expresa de manera gráfica, lo que invita a una exploración más matizada en lugar de a conclusiones precipitadas.
Mitos frecuentes y sobreinterpretaciones que conviene evitar
En muchos materiales divulgativos se promueven significados fijos para determinados elementos del dibujo, como interpretar una cabeza grande como narcisismo o la ausencia de manos como culpa. Estas afirmaciones no están respaldadas por la psicología científica actual y son incompatibles con una práctica basada en la evidencia.
Este tipo de atajos simbólicos ignoran las diferencias individuales, la variabilidad cultural y las normas evolutivas. Además, desplazan la interpretación desde la experiencia de la persona hacia las suposiciones del profesional. Las guías profesionales insisten en que el significado debe anclarse en el relato del sujeto y en el contexto clínico, no en listas prescriptivas de símbolos.
Evitar estos mitos forma parte de la competencia ética. Se espera que el psicólogo comunique la incertidumbre, describa las observaciones con claridad y formule las interpretaciones como provisionales. Este enfoque preserva la integridad clínica y reduce el riesgo de daño.
En síntesis, los dibujos pueden enriquecer la comprensión, generar preguntas y apoyar la relación terapéutica. No pueden confirmar diagnósticos, predecir resultados ni sustituir una evaluación psicológica completa. Mantener este límite es lo que hace que su uso sea clínicamente responsable.
Factores evolutivos y culturales en el dibujo de una persona
Un dibujo de una persona no puede interpretarse al margen del desarrollo ni de la cultura. La forma en que alguien representa la figura humana está influida por la edad, la madurez cognitiva, las normas culturales, el nivel educativo y la exposición previa al dibujo y al arte. Ignorar estos factores puede conducir a interpretaciones erróneas y, en algunos casos, a una preocupación clínica injustificada. Para el psicólogo, el contexto evolutivo y cultural no es un añadido opcional, sino un elemento central de una interpretación responsable.

Normas evolutivas en los dibujos infantiles
En la infancia, los dibujos de la figura humana siguen trayectorias evolutivas relativamente previsibles. Los niños más pequeños suelen comenzar con formas simplificadas, centradas en figuras básicas más que en la precisión anatómica. La ausencia de partes del cuerpo, las proporciones inusuales o la colocación poco convencional de la figura son con frecuencia características evolutivamente normales y no deben interpretarse como señales de malestar emocional de forma aislada.
A medida que los niños crecen, los dibujos tienden a volverse más diferenciados y detallados, reflejando avances en la motricidad, la percepción espacial y la organización cognitiva. Los temas emocionales pueden aparecer de forma indirecta, pero incluso en estos casos los dibujos muestran principalmente lo que el niño es capaz de hacer a nivel evolutivo, no aquello con lo que está luchando psicológicamente.
Por este motivo, la interpretación del dibujo de una persona en niños debe anclarse siempre a las expectativas evolutivas. Sin este anclaje, existe un riesgo elevado de atribuir significado psicológico a rasgos que son completamente adecuados para la edad.
Adolescentes y adultos: cambios en el significado
En la adolescencia, los dibujos suelen reflejar un aumento de la autoconciencia y de la sensibilidad a la evaluación externa. Algunas personas evitan el detalle o se muestran poco implicadas en la tarea por vergüenza, más que por dificultades emocionales. Otras producen figuras muy estilizadas o exageradas, influidas por la cultura de pares, los medios de comunicación o tendencias artísticas.
En la edad adulta, los dibujos suelen reflejar estados emocionales momentáneos o actitudes hacia la propia tarea. Un dibujo escueto no implica necesariamente retraimiento emocional, sino que puede deberse a incomodidad con el dibujo o a la percepción de que la actividad carece de relevancia. Del mismo modo, dibujos muy elaborados pueden reflejar perfeccionismo, creatividad o disfrute, más que malestar psicológico.
Estas variaciones explican por qué los dibujos en adultos se entienden mejor como expresiones situacionales y no como indicadores estables de la personalidad o la salud mental.
Estilo cultural, educación y exposición artística
El contexto cultural influye de manera significativa en la forma de dibujar. Las normas relacionadas con la representación del cuerpo, la expresividad, el pudor o la enseñanza artística varían ampliamente entre culturas. En algunos entornos culturales, las figuras humanas simplificadas o simbólicas son habituales y socialmente compartidas, mientras que en otros se valora el realismo.
El nivel educativo y la experiencia previa con la enseñanza artística también desempeñan un papel importante. Las personas con formación formal pueden abordar la tarea desde un enfoque técnico, prestando atención a la proporción y al detalle, mientras que otras pueden priorizar la rapidez o el simbolismo. Estas diferencias reflejan aprendizaje y preferencias personales, no funcionamiento emocional.
En la práctica clínica en España, la humildad cultural es un principio esencial. Los códigos deontológicos del Consejo General de la Psicología recomiendan considerar de manera sistemática las variables culturales y contextuales en todos los procesos de evaluación. Este principio es igualmente aplicable al material proyectivo.
| Grupo de edad | Características habituales del dibujo | Precaución clínica |
|---|---|---|
| Primera infancia | Figuras simplificadas, omisiones, cabezas grandes | Con frecuencia es evolutivamente normal |
| Infancia media | Mayor nivel de detalle, estructura corporal más clara | Evitar atribuir significado emocional automático |
| Adolescencia | Estilización, minimalismo, exageración | Considerar la autoconciencia y la influencia del grupo |
| Edad adulta | Detalle variable según la tarea y el estilo personal | Suele reflejar la actitud ante la tarea más que rasgos estables |
Cuándo y cómo utilizar el dibujo de una persona en la evaluación o la terapia
El dibujo de una persona resulta más útil cuando se emplea de forma intencional y dentro de límites clínicos claros. En lugar de aplicarse como una técnica por defecto, cumple funciones concretas en la evaluación y la intervención terapéutica, especialmente cuando la expresión verbal es limitada o cuando la relación terapéutica aún se está construyendo. Comprender cuándo y cómo utilizar este recurso ayuda al psicólogo a evitar tanto el uso excesivo como la infrautilización.
Uso en la entrevista inicial y la creación de vínculo
En las primeras sesiones, sobre todo con niños o con personas que se sienten ansiosas en contextos clínicos, el dibujo puede reducir la presión y favorecer la implicación. Se trata de una tarea sencilla, familiar y poco amenazante, lo que suele facilitar el establecimiento de un clima colaborativo. En esta fase, el dibujo funciona menos como una herramienta de evaluación y más como una vía para observar el estilo de interacción, la comodidad ante la estructura y la disposición a participar.
En adultos, proponer una tarea de dibujo durante la entrevista inicial debe hacerse con transparencia. Explicar que el objetivo es explorar experiencias y no evaluar la habilidad artística ayuda a prevenir la ansiedad por el rendimiento. El consentimiento informado y un encuadre claro son esenciales, de acuerdo con las recomendaciones éticas vigentes en España.
Uso en la evaluación infantil y adolescente
En el trabajo con niños y adolescentes, los dibujos de la figura humana se utilizan principalmente como herramientas complementarias. Pueden apoyar la comprensión del nivel evolutivo, los temas emocionales y las percepciones relacionales cuando se combinan con entrevistas, información de la familia y pruebas estandarizadas.
En este contexto, la interpretación del dibujo de una persona suele señalar áreas que conviene explorar mediante preguntas posteriores, más que ofrecer respuestas cerradas. Por ejemplo, la forma en que un niño se representa a sí mismo puede dar pie a indagar sobre sus relaciones con iguales o su experiencia escolar, pero nunca debe considerarse evidencia de un trastorno concreto.
Se espera que el psicólogo documente los dibujos de manera descriptiva y los integre con cautela en la formulación global del caso. Este enfoque se ajusta a las buenas prácticas en la evaluación psicológica en España y reduce el riesgo de etiquetado inapropiado.
La combinación del dibujo con otras herramientas clínicas
La fortaleza de los métodos basados en el dibujo reside en su integración con otras fuentes de información. Los dibujos adquieren significado cuando se consideran junto con entrevistas clínicas, observaciones conductuales, escalas de evaluación y, cuando procede, pruebas cognitivas o emocionales. Cuando varias fuentes apuntan a temas similares, aumenta la confianza en las hipótesis clínicas.
Por el contrario, si las observaciones derivadas del dibujo difieren del resto de los datos, el psicólogo interpreta el dibujo como una expresión situacional o exploratoria. Esta flexibilidad es un indicador de juicio profesional sólido, no de incoherencia.
En el contexto terapéutico, los dibujos también pueden retomarse a lo largo del tiempo como apoyo para la reflexión. Los cambios en la forma en que una persona se representa pueden facilitar el diálogo sobre transformaciones en la autopercepción o la experiencia emocional, sin implicar necesariamente progreso o retroceso diagnóstico.
Situaciones en las que el uso del dibujo no está indicado
No todos los contextos clínicos se benefician del uso de tareas de dibujo. En evaluaciones breves, peritajes forenses o situaciones en las que se requiere una medición estrictamente estandarizada, el dibujo puede aportar poco y aumentar la ambigüedad. Del mismo modo, emplear dibujos con personas que experimentan un malestar significativo ante tareas de rendimiento o evaluación puede dificultar el vínculo terapéutico.
Saber cuándo no utilizar la interpretación del dibujo de una persona es tan importante como saber cuándo puede resultar útil. La práctica ética implica seleccionar métodos que respondan a las necesidades de la persona atendida, a la pregunta de derivación y a los estándares de atención, en lugar de apoyarse en la costumbre o la preferencia personal.
Límites éticos y cautela profesional en la interpretación de dibujos
La responsabilidad ética es central en cualquier interpretación del dibujo de una persona. Debido a que los dibujos pueden resultar intuitivamente significativos, conllevan un mayor riesgo de exceso de confianza y de mala comunicación que muchas herramientas estructuradas. En la práctica clínica en España, un uso ético exige transparencia, contención interpretativa y alineación con los estándares profesionales del Consejo General de la Psicología.
Consentimiento informado y transparencia
Antes de introducir una tarea de dibujo, el psicólogo debe explicar su finalidad de forma clara y comprensible. La persona atendida ha de saber que el dibujo no es una prueba de capacidad ni un procedimiento diagnóstico. Enmarcar la tarea como exploratoria protege frente a la sensación de ser evaluado y favorece una participación informada.
La transparencia también se aplica a la forma en que se comentan los dibujos posteriormente. Una interpretación ética evita afirmaciones categóricas y utiliza un lenguaje condicional y colaborativo. Las observaciones se plantean como aspectos a explorar, no como conclusiones cerradas. Este enfoque respeta la autonomía de la persona y reduce el riesgo de malentendidos.
Documentación y lenguaje clínico
La forma de documentar los dibujos es relevante. En informes y registros clínicos, el psicólogo debe describir los rasgos observables y el contexto en el que se realizó el dibujo, en lugar de asignar significados simbólicos. Expresiones como la figura carece de manos, lo que sugiere, se sustituyen por descripciones neutras seguidas de preguntas clínicas o hipótesis.
Este estilo de documentación es coherente con la práctica basada en la evidencia y protege al profesional en contextos de supervisión, legales o administrativos. Además, garantiza que las conclusiones se apoyen en múltiples fuentes de información y no únicamente en material proyectivo.

Supervisión, consulta y juicio profesional
Dado que la interpretación de dibujos implica inevitablemente un componente subjetivo, la supervisión y la consulta profesional desempeñan un papel clave. Compartir las interpretaciones en espacios de supervisión ayuda a identificar sesgos, afinar hipótesis y mantener límites éticos claros. Esto resulta especialmente relevante en profesionales en formación o cuando los dibujos generan reacciones emocionales intensas.
El juicio profesional incluye saber cuándo detener la interpretación. Si el psicólogo se siente inseguro, emocionalmente activado o presionado para encontrar un significado, dar un paso atrás suele ser la opción más ética.
Señales de alerta y pasos clínicos posteriores
En ocasiones, los dibujos pueden contener elementos que suscitan preocupación, como referencias explícitas a la violencia, fragmentación extrema o alusiones a autolesiones. Estos aspectos no deben interpretarse de forma simbólica ni diagnóstica por sí mismos. Más bien indican la necesidad de una exploración directa, cuidadosa y empática.
Si la persona expresa ideas de hacerse daño a sí misma o a otros, se aplican los protocolos habituales de seguridad. En España, esto implica valorar el riesgo de forma inmediata y, si es necesario, activar los recursos de urgencias sanitarias a través del 112. Estas actuaciones responden al deber de protección y no se basan en el dibujo como prueba en sí.
Mantener la humildad ética
En última instancia, la práctica ética requiere humildad. Los dibujos pueden enriquecer la comprensión clínica, pero no hablan en nombre de la persona que los ha realizado. El significado surge del diálogo, el contexto y el razonamiento clínico cuidadoso. Al respetar límites claros y priorizar el bienestar de la persona atendida, el psicólogo puede utilizar los dibujos de forma responsable sin exceder el marco de su competencia profesional.
Referencias
1. Consejo General de la Psicología de España. Código Deontológico del Psicólogo. 2010.
2. Organización Mundial de la Salud. Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª edición. 2019.
3. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Evaluación psicológica: principios y buenas prácticas. 2021.
4. Koppitz, E. M. Evaluación psicológica de los dibujos de la figura humana en la infancia. 1968.
Conclusión
El dibujo de una persona puede formar parte de un trabajo psicológico valioso cuando se utiliza con claridad, cautela y juicio profesional. En la práctica clínica, los dibujos funcionan como material expresivo que favorece la curiosidad y el diálogo, no como fuentes de certeza diagnóstica. Pueden señalar áreas de exploración, facilitar el vínculo y aportar profundidad cualitativa a la evaluación o a la terapia.
Al mismo tiempo, una interpretación responsable del dibujo de una persona exige límites firmes. Los dibujos no diagnostican, no predicen resultados ni sustituyen una evaluación completa. Su uso ético depende de la consideración del desarrollo, la sensibilidad cultural, la comunicación transparente y la integración con métodos basados en la evidencia.
Cuando el psicólogo entiende los dibujos como una parte más de un cuadro clínico amplio, obtiene comprensión sin renunciar al rigor. Este equilibrio protege a las personas atendidas, respalda la práctica ética y preserva el valor real del dibujo como herramienta de comprensión y no de juicio.
Preguntas frecuentes
¿Puede un psicólogo diagnosticar un trastorno mental a partir de un dibujo de una persona?
No. Los dibujos de la figura humana no son herramientas diagnósticas. Los diagnósticos se basan en entrevistas clínicas, patrones de síntomas, duración e impacto funcional.
¿Por qué se siguen utilizando los dibujos si no permiten diagnosticar?
Los dibujos pueden apoyar la formulación de hipótesis y el diálogo terapéutico. Ayudan a explorar la imagen corporal, el tono emocional o los temas relacionales junto con otras herramientas.
¿Se interpretan de forma diferente los dibujos de niños y de adultos?
Sí. En los niños, los dibujos están muy condicionados por el desarrollo evolutivo. Rasgos que podrían parecer llamativos en adultos suelen ser normales en determinadas edades infantiles.
¿Es ético utilizar tareas de dibujo en la evaluación psicológica?
Puede serlo si se utilizan con transparencia y dentro de límites claros. Es fundamental contar con consentimiento informado y evitar interpretaciones categóricas.
¿Qué debe hacer un psicólogo si un dibujo genera preocupación por la seguridad?
El dibujo no se considera prueba en sí, pero puede motivar una exploración directa y empática. Si existe riesgo inmediato, deben activarse los recursos de urgencias a través del 112.