Cómo organizar correctamente los colores en el despacho de un psicólogo: crear un espacio que se sienta seguro y profesional
Elegir los colores para un despacho de terapia suele parecer engañosamente sencillo. Muchos psicólogos asumen que, mientras el espacio se vea “agradable” o neutral, se sentirá automáticamente seguro para los clientes. En la práctica, sin embargo, los colores del despacho de un psicólogo desempeñan un papel mucho más significativo que la mera decoración. Moldean las primeras impresiones, influyen en la regulación emocional y afectan de forma silenciosa a cómo de segura o alerta se siente una persona antes de que se pronuncie una sola palabra.
Para los clientes que llegan ansiosos, a la defensiva o desbordados, el entorno visual se convierte en parte del encuadre terapéutico. Los colores pueden apoyar una sensación de calma y previsibilidad o, sin querer, añadir carga sensorial y tensión. Esto no significa que determinados tonos puedan tratar los problemas de salud mental, pero sí implica que una elección cuidadosa de los colores ayuda a reducir barreras innecesarias para la confianza y la implicación.
En este artículo analizaremos cómo funcionan los colores en un contexto terapéutico desde una perspectiva clínica, no decorativa. Aprenderás cómo el color interactúa con el sistema nervioso, qué paletas suelen favorecer la seguridad emocional, qué conviene evitar en el despacho de un psicólogo y cómo tomar decisiones informadas por el enfoque trauma-informed que estén alineadas con la práctica ética en Estados Unidos. El objetivo no es seguir tendencias, sino crear un espacio profesional que apoye silenciosamente el trabajo que realizas.

Por qué los colores en el despacho de un psicólogo importan más de lo que piensas
Antes de que un cliente comparta su historia, su sistema nervioso ya está recogiendo información. En el momento en que alguien entra en un despacho de terapia, empieza a formarse impresiones sobre la seguridad, el profesionalismo y el tono emocional. Los colores son una parte central de ese proceso, incluso cuando ni el cliente ni el terapeuta se centran conscientemente en ellos.
Cómo perciben el espacio los clientes antes de hablar
La clave es esta: la percepción precede al lenguaje. La investigación en psicología ambiental muestra que las personas evalúan los espacios en cuestión de segundos, utilizando señales visuales para decidir si se sienten cómodas o en guardia. En el despacho de un psicólogo, los colores ayudan a indicar qué tipo de espacio es. ¿Es calmado o tenso? ¿Predecible o sobreestimulante? ¿Neutral o cargado emocionalmente?
Para muchos clientes, especialmente aquellos que acuden a terapia por primera vez, la ansiedad ya está presente. Elementos sutiles como el color de las paredes, el contraste y la saturación pueden suavizar esa ansiedad o amplificarla. Esta respuesta no es un juicio estético. Es una reacción humana básica ante la información visual.
Es importante señalar que estas impresiones se forman antes de que la alianza terapéutica tenga oportunidad de desarrollarse. Incluso un clínico con mucha experiencia puede notar que los clientes tardan más en asentarse si el entorno resulta visualmente abrumador o confuso. Las elecciones de color bien pensadas ayudan a eliminar fricciones desde el inicio de la sesión.
Seguridad emocional y alianza terapéutica
La alianza terapéutica depende de la confianza, la seguridad emocional y la sensación de ser comprendido. Aunque el color por sí solo no crea esa alianza, puede apoyarla o socavarla. Según la American Psychological Association, los clínicos tienen la responsabilidad ética de evitar causar daño y de considerar los factores contextuales que pueden afectar al bienestar del cliente. El entorno físico es uno de esos factores.
Los colores del despacho de un psicólogo influyen en lo contenido y apoyado que se siente un cliente durante las sesiones. Las paletas suaves y no intrusivas pueden ayudar a señalar que el espacio es estable e intencionado. Esto es especialmente relevante para clientes que son hipervigilantes, están emocionalmente desbordados o son sensibles a la estimulación sensorial. Cuando el entorno visual se siente estable, el cliente dispone de mayor capacidad para centrarse en su mundo interno en lugar de escanear en busca de amenazas.
Al mismo tiempo, un despacho de terapia no debería resultar impersonal o estéril. Los espacios excesivamente fríos o de aspecto médico pueden crear distancia emocional, dificultando que los clientes se abran. El objetivo es el equilibrio: un entorno profesional que se sienta humano sin resultar emocionalmente exigente.
Desde una perspectiva clínica, las elecciones de color forman parte del establecimiento de límites. Comunican que el despacho existe para las necesidades del cliente, no como una expresión de la personalidad del terapeuta. Cuando los colores se eligen de forma intencionada, refuerzan de manera silenciosa el encuadre de la terapia, apoyando la concentración, la confianza y la regulación emocional desde el primer momento.
Cómo el color afecta al sistema nervioso en un despacho de terapia
El color no actúa sobre la mente únicamente de forma abstracta o simbólica. Interactúa primero con el cuerpo. Cuando un cliente entra en un despacho de terapia, su sistema nervioso comienza de inmediato a evaluar el entorno en busca de señales de seguridad o amenaza. El color es una de las señales que moldean esta respuesta fisiológica, a menudo antes de que el pensamiento consciente se ponga al día.
Activación, calma y carga sensorial
En un nivel básico, el sistema nervioso está regulando constantemente el nivel de activación. Cambia entre estados de alerta y calma según las demandas percibidas. La información visual desempeña un papel en este proceso. Los entornos altamente estimulantes pueden empujar al sistema nervioso hacia la activación, mientras que los entornos más tranquilos facilitan la regulación.
En un despacho de terapia, el color contribuye a lo que los clínicos suelen describir como carga sensorial. Los colores brillantes, de alto contraste o muy saturados requieren un mayor procesamiento. Para algunas personas, esta estimulación adicional puede traducirse en inquietud, irritabilidad o dificultad para concentrarse. Esto es especialmente relevante para los clientes que ya llegan en un estado elevado de activación debido a la ansiedad, el estrés crónico o la exposición al trauma.
Las paletas más apagadas tienden a imponer menos exigencias a la atención. Los neutros suaves, los verdes apagados o los azules delicados tienen menos probabilidades de competir con la reflexión interna o el procesamiento emocional. Permiten que el sistema nervioso reduzca ligeramente la activación, apoyando el tipo de estado reflexivo que la terapia suele requerir.
Es importante aclarar los límites aquí. El color no “trata” la ansiedad, la depresión ni el trauma. Sin embargo, el entorno puede reducir la tensión innecesaria sobre los sistemas de regulación o añadirla. Desde un punto de vista clínico, reducir los estresores sensoriales evitables es un objetivo razonable y ético.
Lo que muestra la investigación en psicología ambiental
La investigación en psicología ambiental y psicología de la salud muestra de forma consistente que el entorno visual influye en las respuestas al estrés. Estudios citados por instituciones como Harvard Health Publishing y el National Institute of Mental Health describen cómo los estímulos ambientales, incluidos la luz y el color, pueden afectar a la activación fisiológica y a los estados emocionales.
Los entornos visuales más calmados se asocian con niveles más bajos de marcadores de estrés y una mejor concentración, mientras que los espacios caóticos o sobreestimulantes se vinculan con un aumento de la tensión y la vigilancia. Esto no significa que exista un color “correcto” universal. Las diferencias individuales, el contexto cultural y la historia personal influyen en la percepción. Aun así, surgen patrones a nivel poblacional que resultan relevantes para los espacios clínicos.
Para los terapeutas, esta investigación respalda un principio más que una fórmula. El objetivo no es diseñar un despacho que evoque una emoción específica, sino evitar colores que exijan demasiado al sistema nervioso de los clientes. Una sala de terapia no debería pedir a los clientes que gestionen la intensidad visual además del trabajo emocional.
Otro hallazgo clave es la previsibilidad. Los entornos que se sienten visualmente coherentes, donde los colores funcionan juntos en lugar de chocar, son más fáciles de procesar para el cerebro. La previsibilidad apoya una sensación de control, lo cual es especialmente importante para los clientes que se sienten desbordados o inseguros en otras áreas de su vida.
Desde una perspectiva ética, estas ideas se alinean con los principios del enfoque trauma-informed promovidos por organizaciones estadounidenses como SAMHSA. Minimizar la estimulación innecesaria y apoyar la regulación ayuda a crear condiciones en las que los clientes pueden implicarse de manera más plena en la terapia.

En resumen, las elecciones de color en un despacho de terapia importan porque configuran el telón de fondo fisiológico de cada sesión. Cuando ese telón de fondo favorece la calma y la concentración, tanto el cliente como el terapeuta pueden dedicar más energía al propio trabajo terapéutico.
Qué colores funcionan mejor en el despacho de un psicólogo y por qué
Una vez que el objetivo está claro, apoyar la regulación emocional sin añadir carga sensorial, las elecciones de color resultan más fáciles de evaluar. Los colores más eficaces en el despacho de un psicólogo no tienen que ver con tendencias de estilo ni con preferencias personales. Tienen que ver con crear un fondo que se sienta estable, predecible y lo suficientemente neutral como para que la terapia ocupe el centro.
Tonos neutros y terrosos
Los colores neutros y de base terrosa se utilizan ampliamente en entornos terapéuticos por una razón. Tonos como el beige cálido, el gris suave, el topo, la arcilla apagada o la arena clara suelen sentirse enraizados sin resultar fríos. Ofrecen estabilidad visual y no desvían la atención del proceso terapéutico.
Estos colores funcionan bien porque permanecen en segundo plano en lugar de competir con el contenido emocional. Es menos probable que los clientes reaccionen intensamente a ellos, lo que reduce el riesgo de sobreestimulación. Los tonos terrosos también tienden a envejecer bien con el tiempo, ayudando a que el despacho se sienta coherente y fiable en lugar de marcado por modas pasajeras.
Desde una perspectiva clínica, la coherencia importa. Cuando un espacio se siente familiar e inalterado, refuerza la previsibilidad. Esto es especialmente útil para los clientes que luchan con la ansiedad o la hipervigilancia, ya que reduce el número de variables que su sistema nervioso necesita controlar.
Azules y verdes suaves
Los azules y verdes suaves suelen asociarse con la calma y el equilibrio, y la investigación en psicología ambiental respalda su uso en espacios diseñados para la concentración y la regulación emocional. En un despacho de terapia, estos colores pueden apoyar suavemente la actividad parasimpática, facilitando que los clientes se asienten durante las sesiones.
La palabra clave aquí es suave. El salvia pálido, el eucalipto apagado o los tonos azul grisáceo suelen funcionar mejor que el turquesa brillante o el verde azulado saturado. Cuando los azules y verdes son demasiado intensos, pueden sentirse estimulantes en lugar de calmantes. Utilizados con cuidado, sin embargo, aportan una calidez y profundidad sutiles a las paletas neutras.
Muchos clínicos utilizan estos tonos en una sola pared, en textiles o a través de obras de arte en lugar de cubrir toda la sala. Este enfoque mantiene el equilibrio y evita la monotonía visual.
Colores de acento: cuándo y cómo utilizarlos
Los colores de acento pueden ser útiles, pero requieren moderación. Pequeños toques de color en cojines, alfombras, arte o plantas pueden hacer que un despacho de terapia se sienta humano y acogedor sin abrumar los sentidos.
Los colores de acento funcionan mejor cuando son apagados y de uso limitado. El terracota suave, el azul empolvado o el verde oliva pueden añadir calidez e interés visual. Los acentos brillantes o muy saturados, especialmente los rojos o amarillos, deben utilizarse con cautela, ya que pueden atraer la atención y aumentar la activación.
Desde el punto de vista clínico, los colores de acento nunca deberían dominar el campo visual. Su función es suavizar el espacio, no definirlo. Cuando los acentos empiezan a competir con el contacto visual o el procesamiento emocional, actúan en contra del objetivo terapéutico.
Tabla resumen: elecciones de color en un despacho de terapia
| Tipo de color | Efecto emocional típico | Mejor uso en un despacho de terapia | Qué evitar |
|---|---|---|---|
| Neutros cálidos (beige, topo) | Enraizante, estable | Paredes, superficies grandes | Blanco intenso o tonos con exceso de amarillo |
| Azules suaves | Calma, concentración | Paredes de acento, obras de arte | Azules brillantes o saturados |
| Verdes apagados | Equilibrio, sosiego | Plantas, textiles, decoración | Verdes neón o con alto contraste |
| Tonos terrosos | Seguridad, previsibilidad | Muebles, alfombras | Marrones muy oscuros o pesados |
| Colores de acento apagados | Calidez, interés | Pequeños elementos decorativos | Bloques grandes de color dominante |
Al elegir los colores del despacho de un psicólogo, la pregunta orientadora es sencilla: ¿este color ayuda a que el espacio pase a un segundo plano o exige atención? Los colores que apoyan la terapia son aquellos que los clientes apenas notan, porque su sistema nervioso se siente a gusto.
Colores que conviene evitar en el despacho de un psicólogo
Del mismo modo que algunos colores apoyan la regulación emocional, otros pueden interferir de forma silenciosa con ella. En un entorno terapéutico, el problema rara vez es que un color sea objetivamente “malo”, sino que imponga exigencias innecesarias al sistema nervioso del cliente. Algunas elecciones tienen más probabilidades de aumentar la tensión, la distracción o la distancia emocional, resultados que van en contra de los objetivos de la terapia.
Colores sobreestimulantes y de alto contraste
Los colores muy saturados tienden a activar más que a calmar. Los rojos brillantes, los naranjas intensos, los tonos neón o los contrastes cromáticos fuertes pueden elevar la activación fisiológica y atraer la atención hacia el exterior. En entornos cotidianos esto puede ser aceptable, pero en el despacho de un psicólogo puede dificultar que los clientes desaceleren y reflexionen.
El rojo, en particular, se asocia con la alerta y la urgencia. Aunque pequeños toques apagados pueden ser apropiados en contextos limitados, las superficies rojas amplias suelen sentirse intrusivas. Para los clientes que experimentan ansiedad, síntomas de pánico o hipervigilancia, este tipo de estimulación puede aumentar el malestar sin que nadie identifique claramente el motivo.
Las combinaciones de alto contraste, por ejemplo patrones en blanco y negro muy marcados, también pueden forzar el procesamiento visual. Estos contrastes exigen ajustes constantes por parte del cerebro, lo que puede traducirse en una agitación sutil o fatiga a lo largo de la sesión. El efecto es acumulativo, especialmente para los clientes que acuden a terapia de forma regular.
Paletas estériles o de aspecto “médico”
En el extremo opuesto, los entornos excesivamente estériles pueden crear distancia emocional. Los despachos dominados por el blanco intenso, el gris frío o el beige institucional pueden recordar a entornos médicos o administrativos en lugar de terapéuticos. Aunque la limpieza y el profesionalismo son importantes, los espacios que se sienten clínicos pueden desalentar la vulnerabilidad.
Los clientes pueden asociar estos entornos con evaluaciones, autoridad o pérdida de control. Esto es especialmente relevante para personas con experiencias sanitarias negativas previas o con historias de trauma. Cuando la sala se siente impersonal, los clientes suelen permanecer a la defensiva durante más tiempo, lo que dificulta establecer una alianza terapéutica sólida.
El objetivo no es eliminar por completo el blanco o el gris claro, sino suavizarlos. Añadir calidez mediante la textura, un contraste suave o elementos naturales puede ayudar a evitar que el espacio se perciba emocionalmente plano o intimidante.
Tabla resumen: colores y consideraciones clínicas
| Tipo de color | Impacto potencial en los clientes | Consideraciones clínicas |
|---|---|---|
| Rojos y naranjas brillantes | Aumento de la activación, tensión | Pueden intensificar la ansiedad o la agitación |
| Colores neón o muy saturados | Sobrecarga sensorial | Distractores, difíciles de ignorar |
| Patrones de alto contraste | Fatiga visual | Pueden aumentar la inquietud con el tiempo |
| Blanco intenso o gris frío | Distancia emocional | Pueden sentirse clínicos o impersonales |
| Paletas muy oscuras | Pesadez, retraimiento | Pueden resultar opresivas o cerradas |
Evitar estos colores no significa eliminar la personalidad ni la calidez. Más bien, refleja una elección ética de priorizar la comodidad del cliente sobre el impacto visual. En el despacho de un psicólogo, las decisiones de diseño más eficaces suelen ser las silenciosas, aquellas que los clientes apenas registran porque nada en el entorno compite con el trabajo que sucede en la sala.
Elecciones de color informadas por el enfoque trauma-informed en un despacho de terapia
El enfoque trauma-informed plantea una pregunta sencilla pero exigente: ¿este entorno apoya una sensación de seguridad, elección y control? Cuando se aplica al diseño del despacho, esta pregunta convierte la selección de colores en algo menos relacionado con la preferencia y más con la previsibilidad y la regulación. Para muchos clientes con historias de trauma o ansiedad elevada, el entorno visual puede ayudar al sistema nervioso a asentarse o mantenerlo silenciosamente en alerta.

Previsibilidad y seguridad visual
Uno de los principios centrales de la práctica trauma-informed es reducir la incertidumbre. Los entornos que se sienten visualmente coherentes son más fáciles de procesar para el cerebro y menos propensos a activar la vigilancia. Las paletas de color consistentes y de bajo contraste apoyan esta sensación de previsibilidad.
En un despacho de terapia, esto significa evitar cambios bruscos de color de una superficie a otra. Cuando paredes, mobiliario y elementos decorativos siguen una paleta relacionada, el espacio se percibe intencionado y contenido. Los clientes no se ven obligados a escanear o adaptarse constantemente a sorpresas visuales. Con el tiempo, esta coherencia ayuda a reforzar la idea de que la sala de terapia es un lugar estable y fiable.
La previsibilidad también apoya la regulación emocional. Según los marcos del enfoque trauma-informed promovidos por SAMHSA, minimizar la entrada sensorial innecesaria puede ayudar a que los clientes permanezcan dentro de una ventana tolerable de activación. Las elecciones de color que se mantienen dentro de un rango estrecho y apagado reducen la probabilidad de activación o bloqueo repentinos durante las sesiones.
Esto no requiere que el espacio sea insípido. Las variaciones sutiles de tono y textura pueden aportar calidez sin romper la continuidad visual. La clave es que los cambios se sientan graduales en lugar de abruptos.
Apoyo a clientes con ansiedad o TEPT
Los clientes que experimentan trastornos de ansiedad o trastorno de estrés postraumático suelen llegar a terapia gestionando ya una activación elevada. Sus sistemas nerviosos pueden estar preparados para detectar amenazas incluso en situaciones neutras. En este contexto, el color se convierte en parte de la señal global de seguridad.
Los colores suaves y desaturados suelen ser más fáciles de tolerar para estos clientes. Los verdes apagados, los neutros cálidos y los azules delicados tienden a imponer menos exigencias a la atención. No insisten en ser notados, lo que permite a los clientes centrarse en su mundo interno en lugar de vigilar el entorno.
Las elecciones de color trauma-informed también evitan el simbolismo que podría tener significados no intencionados. Los rojos profundos, los contrastes agresivos o la iluminación dramática pueden experimentarse como intrusivos o abrumadores, incluso si la intención del terapeuta es transmitir calidez o energía. Dado que las respuestas al trauma son altamente individuales, optar por la simplicidad reduce el riesgo de activación accidental.
Es igualmente importante recordar los límites. El diseño trauma-informed apoya la regulación, pero no intenta controlar ni “corregir” los estados emocionales. Los colores no deben utilizarse para manipular el estado de ánimo. En su lugar, crean un telón de fondo que hace la regulación más posible, dejando el trabajo terapéutico a la relación y a la competencia clínica.
Desde un punto de vista ético, este enfoque se alinea con las orientaciones de la American Psychological Association sobre evitar el daño y atender a los factores contextuales que afectan al bienestar del cliente. Elegir colores del despacho de un psicólogo informados por el enfoque trauma-informed es una forma de honrar esa responsabilidad sin hacer suposiciones sobre ningún cliente en particular.
En la práctica, muchos clínicos adoptan un enfoque por capas: colores base neutros, tonos naturales suaves y acentos mínimos. Esto crea un entorno flexible que se adapta a una amplia variedad de clientes, incluidos aquellos que pueden no revelar historias de trauma pero que aun así se benefician de un espacio visualmente calmado.
Equilibrar el estilo personal y los límites profesionales en los colores del despacho
Cada psicólogo aporta una estética personal a su espacio de trabajo, de forma intencionada o no. El reto no es eliminar esa individualidad, sino asegurarse de que no eclipse la finalidad del espacio. En un despacho de terapia, las elecciones de color se sitúan en la intersección entre el estilo personal, la identidad profesional y la responsabilidad ética.
Identidad del terapeuta frente a necesidades del cliente
Es natural querer que el despacho se sienta como “propio”. Muchos clínicos pasan largas horas en su espacio de trabajo, y un entorno que resulte completamente ajeno o incómodo puede contribuir al agotamiento. Al mismo tiempo, el despacho de terapia existe principalmente para los clientes. Esto significa que las preferencias personales deben quedar en segundo plano frente a la comodidad y la seguridad del cliente.
Al elegir colores, una pregunta orientadora útil es: ¿esta elección apoya la experiencia del cliente o refleja principalmente mi propio gusto? Las paletas llamativas, los contrastes fuertes o los colores emocionalmente expresivos pueden resultar energizantes para el terapeuta, pero distraer o abrumar a los clientes. En cambio, las elecciones contenidas y neutras indican que el espacio está diseñado para albergar muchas experiencias emocionales distintas, no para expresar un único punto de vista.
Los límites profesionales también se comunican visualmente. Un despacho que se siente demasiado personal puede difuminar las líneas, dificultando que los clientes se mantengan centrados en su propio proceso. Los colores excesivamente expresivos o idiosincrásicos pueden atraer la atención hacia el terapeuta en lugar de hacia el trabajo. La contención reflexiva ayuda a mantener claro el encuadre terapéutico.
Sensibilidad cultural e inclusión
La percepción del color no es universal. El trasfondo cultural, la historia personal y la experiencia vital influyen en cómo una persona responde a los entornos visuales. Lo que resulta cálido y acogedor para un cliente puede sentirse desconocido o incluso inquietante para otro. Por este motivo, la inclusión favorece la neutralidad y el equilibrio frente a las declaraciones estilísticas fuertes.
En Estados Unidos, los terapeutas suelen trabajar con clientes de contextos culturales y socioeconómicos diversos. Elegir colores que sean ampliamente calmantes y poco simbólicos reduce la probabilidad de asociaciones no intencionadas. Los tonos naturales, los contrastes suaves y la saturación mínima suelen trasladarse mejor entre contextos culturales que las paletas muy estilizadas.
La inclusión también se extiende a los clientes neurodivergentes y a aquellos con sensibilidades sensoriales. Los espacios visualmente recargados pueden crear barreras para la implicación, incluso cuando las intenciones del terapeuta son positivas. Un esquema de color simplificado y cohesivo comunica respeto por las diferentes necesidades sensoriales sin señalar a nadie en particular.

En última instancia, equilibrar el estilo personal con los límites profesionales es un proceso continuo. Los despachos evolucionan, igual que las prácticas. Revaluar periódicamente las elecciones de color desde una lente clínica ayuda a garantizar que el entorno siga cumpliendo su propósito principal: apoyar a los clientes para que se sientan seguros, respetados y capaces de centrarse en su trabajo terapéutico.
Referencias
1. Consejo General de la Psicología de España. Código Deontológico del Psicólogo. 2010.
2. Consejo General de la Psicología de España. Guía de Buenas Prácticas para el Ejercicio Profesional de la Psicología. 2020.
3. Ministerio de Sanidad de España. Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud. 2022.
4. Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. Estrés y Factores Psicosociales en el Entorno Laboral. 2021.
5. Organización Mundial de la Salud. Guías sobre Salud Mental y Entornos de Atención Seguros. 2022.
Conclusión
Las elecciones de color en el despacho de un psicólogo no son una cuestión decorativa, sino de conciencia clínica. El entorno visual moldea las primeras impresiones, influye en la regulación del sistema nervioso y puede apoyar o complicar el proceso terapéutico. El uso reflexivo de colores calmados y predecibles ayuda a reducir la carga sensorial innecesaria y permite que los clientes se concentren en el trabajo para el que acudieron.
No existe una paleta única correcta para todas las consultas. Lo que importa es la intencionalidad. Al priorizar la seguridad emocional, los límites profesionales y los principios del enfoque trauma-informed, los psicólogos pueden crear despachos que se sientan estables, respetuosos e inclusivos. Cuando el espacio se desvanece silenciosamente en segundo plano, la terapia tiene espacio para desarrollarse.
Si en algún momento existe la preocupación de que factores ambientales puedan estar afectando al bienestar de los clientes, la consulta con colegas y la reflexión son pasos adecuados. Y si surge angustia o una situación de crisis, los clientes en Estados Unidos pueden llamar o escribir al 988 para contactar con la Suicide and Crisis Lifeline, o llamar al 911 en caso de emergencia.
Preguntas frecuentes
¿Los colores de un despacho de terapia afectan realmente a los clientes?
Sí, aunque el efecto es indirecto. Los colores influyen en cómo de seguro, calmado o sobreestimulado se siente un espacio, lo que puede afectar a la capacidad del cliente para relajarse e implicarse en la terapia.
¿Existen colores específicos que los psicólogos deban utilizar siempre?
No hay una regla universal. Los tonos neutros y apagados suelen funcionar bien para muchos clientes, pero las elecciones deben guiarse por la previsibilidad, el equilibrio y el criterio clínico, no por las tendencias.
¿Pueden los colores del despacho activar a clientes con trauma?
Pueden hacerlo, especialmente si los colores son muy saturados, agresivos o impredecibles. El diseño trauma-informed busca reducir este riesgo favoreciendo paletas calmadas y coherentes.
¿Es ético tener en cuenta el diseño del despacho en la práctica terapéutica?
Sí. Según la American Psychological Association, los psicólogos deben considerar los factores contextuales, incluido el entorno físico, que pueden afectar al bienestar del cliente.
¿Debería el despacho de terapia reflejar la personalidad del terapeuta?
Solo en un grado limitado. La comodidad personal es importante, pero las necesidades del cliente y los límites profesionales deben tener prioridad al elegir colores y elementos de diseño.
¿Cuándo debería un psicólogo replantearse las elecciones de color de su despacho?
Si los clientes parecen de forma constante incómodos, distraídos o sobreestimulados, puede ser útil reevaluar el entorno y buscar la opinión de colegas.