13 de noviembre de 2025
13 de noviembre de 2025El material ha sido actualizado
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Qué preguntas hacerle a un psicólogo (y cómo sentirte seguro al hacerlo)

Qué preguntas hacerle a un psicólogo (y cómo sentirte seguro al hacerlo)

Es completamente normal sentirse incómodo antes de hablar por primera vez con un psicólogo. Puede que te preguntes qué decir, si te entenderán o cuánto deberías compartir. Hacer las preguntas adecuadas puede transformar esa incertidumbre en claridad. Cuando comprendes cómo funciona la terapia y qué quieres saber, todo el proceso resulta menos intimidante y mucho más significativo.

En este artículo aprenderás a afrontar la primera sesión con confianza. Veremos qué preguntar antes de comenzar, cómo comunicarte durante las primeras sesiones y cuándo conviene revisar tu progreso. También descubrirás cómo tratar temas prácticos, como el coste o la confidencialidad, sin sentirte incómodo. El objetivo no es “impresionar” a tu terapeuta, sino construir confianza, colaboración y seguridad emocional desde el primer día

Qué preguntas hacerle a un psicólogo (y cómo sentirte seguro al hacerlo) — dibujo 2

Por qué está bien hacer preguntas en terapia

Entrar en tu primera sesión suele despertar emociones mezcladas: curiosidad, esperanza y, a veces, cierta duda. Quizás te preguntes si es correcto hacer preguntas o si eso podría molestar al psicólogo. En realidad, preguntar no solo está permitido: es una parte esencial del proceso terapéutico. Según el Colegio Oficial de la Psicología de España, la comunicación abierta ayuda a crear una sólida alianza terapéutica, que es la base de todo tratamiento eficaz.

La terapia está pensada como una colaboración. Un buen psicólogo no solo tolera tus preguntas: las valora. Lo que preguntas dice mucho sobre lo que consideras importante y sobre los cambios que esperas. Cuando te interesa saber por qué se utiliza una determinada técnica o qué ocurrirá después, demuestras que quieres participar activamente en tu propio progreso, no limitarte a escuchar. Numerosos estudios han demostrado que la terapia suele funcionar mejor cuando las personas mantienen la curiosidad, piden aclaraciones y se sienten incluidas en el proceso.

Al mismo tiempo, muchas personas dudan en hablar por miedo a ser juzgadas. Pueden pensar: “¿Y si parezco a la defensiva?” o “¿No debería ser el terapeuta quien guíe?”. Pero la terapia no es una entrevista: es una conversación. Tu curiosidad ayuda al psicólogo a comprender tus objetivos, tu nivel de comodidad y tu forma de comunicarte. También te permite descubrir cómo trabaja este profesional y si su enfoque encaja con tus necesidades.

El papel de la curiosidad en terapia

Hacer preguntas es una forma de explorar, no de desafiar la autoridad. La curiosidad es una señal positiva: significa que estás implicado y que intentas comprender lo que ocurre en la sesión. La mayoría de los psicólogos valoran esa actitud. Puedes preguntar, por ejemplo:

  • “¿Qué suele pasar durante una sesión?”;
  • “¿Cómo decides qué métodos pueden funcionar mejor para mí?”;
  • “¿Hay algo que pueda practicar o reflexionar entre sesiones?”.

Este tipo de preguntas os mantienen alineados y hacen que la terapia se sienta como un trabajo en equipo, no como algo que te “hacen”.

Qué observan los psicólogos cuando preguntas

Los terapeutas suelen ver tus preguntas como oportunidades. A veces, un simple “¿Por qué hacemos esto?” les permite explicar su razonamiento o incluso descubrir algo más profundo, como un miedo a perder el control o una necesidad de seguridad. En cualquier caso, la propia pregunta se convierte en parte del trabajo: una vía para entender lo que ocurre en tu interior a medida que avanza la terapia.

Por ejemplo, preguntar “¿Cuánto durará esto?” puede abrir un diálogo sobre tus temores a depender demasiado del proceso o sobre tu impaciencia con el progreso. La pregunta, en sí misma, se convierte en una puerta hacia una comprensión más profunda de ti.

Muchos psicólogos también interpretan las preguntas como una muestra de confianza. Cuando te sientes lo bastante seguro para plantear algo personal o delicado, significa que la relación terapéutica se está fortaleciendo. Con el tiempo, esa apertura permite conversaciones más sinceras y un avance más rápido.

La terapia es confidencial y colaborativa. Si algo te resulta confuso o incómodo, tienes todo el derecho a pedir una explicación. Tu psicólogo lo espera y lo respeta.

Qué preguntar antes de empezar

Las primeras reuniones con un psicólogo pueden parecer una prueba para ver cómo te sientes. Estás intentando averiguar si puedes relajarte, si el terapeuta te escucha de verdad y cómo será el proceso. Es normal tener preguntas, y de hecho, la mayoría de los psicólogos las esperan. Saben que hace falta tiempo para sentirse a gusto y que preguntar ayuda a ambos a llegar antes a ese punto.

Cómo saber si hay buena conexión

La terapia se construye sobre la conexión humana. No es necesario que sientas una “chispa” inmediata, pero sí deberías percibir que tu psicólogo te escucha con atención y se interesa de verdad por lo que cuentas. Si no estás seguro, puedes preguntar con naturalidad:

  • “¿Cómo decidimos por dónde empezar?”;
  • “¿Cómo sueles establecer los objetivos con tus pacientes?”;
  • “¿Cuál es la mejor forma de decirte si algo no me encaja?”.

Estas preguntas crean un espacio más sincero y relajado. Demuestran que te tomas la terapia en serio: no acudes solo a hablar, sino a colaborar.

Cuando algo no está claro

A veces los psicólogos utilizan términos técnicos o métodos que pueden sonar extraños. No tienes por qué asentir o fingir que lo entiendes. Es totalmente válido detener la conversación y decir:

  • “¿Podrías explicarlo con palabras más sencillas?”;
  • “¿En qué debería fijarme o qué debería pensar antes de la próxima sesión?”.

Los terapeutas esperan ese tipo de preguntas. Prefieren tomarse un momento para asegurarse de que realmente comprendes lo que ocurre antes que dejarte marchar con dudas.

Estas intervenciones no interrumpen la terapia: la hacen más auténtica. El Ministerio de Sanidad recuerda que cuando las personas entienden lo que sucede en su proceso, se sienten más seguras y comprometidas con él.

Gestionar los momentos emocionales o incómodos

Habrá sesiones más intensas que otras. Puede que te quedes callado, te emociones o incluso sientas frustración. Forma parte del proceso. En esos casos, prueba a decir algo como:

  • “No esperaba que esto me afectara tanto, ¿podemos ir más despacio?”;
  • “Necesito un minuto para recuperar el aliento”;
  • “¿Es normal sentirse peor antes de empezar a mejorar?”.

Un buen psicólogo te ayudará a recuperar el equilibrio, sin empujarte a pasar por alto emociones difíciles. La terapia no es una actuación: es un lugar seguro para aprender cómo funcionan tus emociones.

Revisar el progreso

Tras unas cuantas sesiones, puede que te preguntes si realmente estás avanzando. En lugar de adivinar, coméntalo directamente:

  • “¿Vamos por buen camino?”;
  • “¿Qué tipo de cambios debería estar notando ya?”;
  • “¿Crees que deberíamos ajustar nuestra forma de trabajar?”.

Conversaciones así mantienen la terapia en la dirección adecuada. Además, demuestran que estás atento a tu propio crecimiento, algo que los psicólogos valoran enormemente.

Ser honesto sobre la experiencia

No tienes que fingir que todo va bien si no es así. Si sales de una sesión con una sensación de tensión o de no haber sido comprendido, háblalo. Puedes decir: “He notado que me sentí incómodo después de la última sesión, ¿podemos comentar por qué?”. Muchas veces, estas conversaciones marcan un punto de inflexión.

La realidad es que la terapia funciona mejor cuando ambas partes pueden hablar con sinceridad. Tú aportas tu experiencia; el psicólogo, su formación. El verdadero progreso surge en el espacio entre ambos, en ese intercambio humano y honesto que os ayuda a entender qué significa realmente sanar.

Qué preguntar durante las primeras sesiones

Las primeras citas con un psicólogo pueden sentirse como un periodo de adaptación. Estás intentando descubrir si puedes relajarte, si el profesional realmente escucha y cómo será el proceso. Es completamente normal tener preguntas, y de hecho, la mayoría de los psicólogos las esperan. Saben que lleva tiempo sentirse cómodo, y que preguntar acelera esa confianza mutua.

Cómo saber si hay buena sintonía

La terapia se basa en la conexión. No hace falta “conectar” de inmediato, pero sí deberías notar que tu terapeuta está presente y genuinamente interesado. Si tienes dudas, puedes preguntar cosas como:

  • “¿Cómo decidimos en qué centrarnos primero?”;
  • “¿Cómo sueles fijar los objetivos con tus pacientes?”;
  • “¿Cuál es la mejor manera de decirte si algo no me funciona?”.

Preguntas simples y sinceras como estas abren el espacio a la confianza. También muestran que no acudes solo a hablar: vienes dispuesto a trabajar en ti.

Aclarar conceptos o dudas

En ocasiones, los psicólogos usan términos o técnicas que pueden sonar poco familiares. En lugar de asentir sin entender, es totalmente válido pedir una aclaración. Puedes decir:

  • “¿Podrías explicarme esa idea de forma más sencilla?”;
  • “¿En qué debería fijarme antes de la próxima sesión?”;
  • “¿Cómo sabré si estoy progresando?”.

Estas preguntas no interrumpen el proceso, lo hacen más auténtico. El Consejo General de la Psicología en España subraya que cuando las personas comprenden lo que ocurre en terapia, se sienten más seguras y comprometidas.

Gestionar los momentos emocionales o incómodos

Habrá sesiones más intensas que otras. Puede que te quedes en silencio, te emociones o incluso sientas frustración. Todo eso forma parte del camino terapéutico. Si ocurre, puedes decir algo como:

  • “No esperaba que esto me impactara tanto, ¿podemos frenar un poco?”;
  • “Necesito un momento para respirar”;
  • “¿Es normal sentirse peor antes de mejorar?”.

Un buen psicólogo te ayudará a recuperar el equilibrio sin presionarte para pasar página demasiado rápido. La terapia no es una actuación: es un entorno seguro para comprender cómo funcionan tus emociones.

Revisar el progreso

Después de varias sesiones, es habitual preguntarse si las cosas avanzan. En lugar de suponerlo, lo mejor es comentarlo directamente:

  • “¿Crees que estamos yendo en la dirección correcta?”;
  • “¿Qué cambios debería empezar a notar?”;
  • “¿Piensas que deberíamos ajustar nuestra forma de trabajar?”.

Este tipo de conversaciones ayudan a mantener la terapia enfocada y refuerzan tu implicación en el proceso. También muestran a tu psicólogo que estás comprometido con tu propio crecimiento, algo muy valorado en el ámbito terapéutico.

Ser sincero sobre la experiencia

No tienes que aparentar que todo va bien si no es así. Si terminas una sesión con malestar o sensación de incomprensión, exprésalo. Puedes decir: “He notado que me fui un poco tenso después de la última sesión; ¿podemos hablar de eso?”. Estas conversaciones suelen marcar un antes y un después.

La terapia es más efectiva cuando existe un diálogo sincero entre ambas partes. Tú aportas tu experiencia, y el psicólogo su conocimiento y método. El verdadero progreso ocurre en ese punto de encuentro humano donde ambos colaboráis para comprender qué significa sanar de verdad.

Qué preguntas hacerle a un psicólogo (y cómo sentirte seguro al hacerlo) — dibujo 3

Pregunta de ejemplo Por qué es importante Cuándo hacerla
«¿Cuál es tu enfoque terapéutico?» Aclara el estilo del psicólogo y cómo se desarrollarán las sesiones. Antes o durante la primera llamada.
«¿Cuál es tu formación y número de colegiado?» Confirma la preparación profesional y el cumplimiento de normas éticas. Durante el primer contacto.
«¿Ofreces sesiones presenciales o por videollamada?» Te ayuda a elegir el formato que mejor se adapta a tu horario y necesidades. Antes de reservar la cita.
«¿Cuál es tu política de cancelación?» Evita confusiones y posibles cargos inesperados. Antes de firmar el consentimiento informado.
«¿Cómo gestionas la confidencialidad?» Garantiza que comprendas tus derechos de privacidad y protección de datos. Durante la primera sesión.

Cómo prepararte emocionalmente

Incluso antes de la primera sesión, los nervios pueden aparecer. Es habitual temer decir “algo incorrecto” o no saber por dónde empezar. El portal de salud del Ministerio de Sanidad señala que sentir ansiedad antes de acudir al psicólogo es completamente normal y, en realidad, demuestra que te importa el resultado. Prepararse no significa ensayar cada palabra, sino centrarte y fijar expectativas realistas.

Es normal sentirse inseguro

La terapia implica vulnerabilidad, y eso puede intimidar. Puede que no sepas exactamente qué te ocurre o qué preguntar, y no pasa nada. Puedes comenzar con algo sencillo: “No sé muy bien qué necesito, pero me gustaría hablarlo”. Los psicólogos están acostumbrados a este tipo de sinceridad. Su función es ayudarte a explorar tus pensamientos, no exigir claridad total desde el inicio.

Formas de calmarte antes de la sesión

Puedes usar pequeños rituales para relajar cuerpo y mente antes de acudir:

  • Dar un paseo tranquilo o estirarte durante cinco minutos;
  • Practicar una respiración constante (inhalar en cuatro tiempos, exhalar en seis);
  • Anotar dos o tres pensamientos o preguntas que quieras compartir;
  • Recordarte que puedes pausar o redirigir la conversación en cualquier momento.

Estos gestos envían señales de seguridad a tu sistema nervioso y facilitan abrirte cuando empiece la sesión.

Gestionar las expectativas

Muchas personas esperan sentir alivio inmediato tras hablar con un psicólogo, pero el cambio real suele requerir tiempo. Considera las primeras sesiones como una orientación más que un tratamiento. Sirven para que el profesional conozca tu historia, tus dificultades y tus puntos fuertes. Tal como señalan los servicios públicos de salud mental en España, el progreso depende de la colaboración, no de la rapidez. El objetivo inicial es construir una base de confianza.

Cuando las emociones resultan abrumadoras

A veces la terapia remueve emociones profundas, y eso es señal de que está funcionando, no de que algo vaya mal. Puedes hacer una pausa, respirar o decirle al psicólogo lo que sientes. Frases como “Necesito un momento” o “Esto me resulta intenso” ayudan a mantener una comunicación abierta y respetuosa. En esos momentos, el profesional puede guiarte con técnicas de relajación o reflexión para que recuperes el equilibrio.

Si la ansiedad relacionada con la terapia se vuelve excesiva o deriva en desesperanza, puedes llamar al 024, la línea nacional de atención a la conducta suicida en España. Si estás en peligro inmediato, marca el 112. La ayuda es confidencial y está disponible las 24 horas.

Prepararte emocionalmente no consiste en controlarlo todo, sino en mostrarte con compasión y permitirte estar como eres.

No todas las relaciones terapéuticas resultan adecuadas, y eso es completamente normal. Incluso con la mejor disposición por ambas partes, a veces la conexión simplemente no se da. La Universidad Complutense de Madrid recuerda que identificar cuándo la terapia deja de ser útil es un signo de autoconciencia, no de fracaso. Reevaluar no significa culpar: significa cuidar tu propio crecimiento emocional y asegurarte de que avanzas en la dirección correcta.

Cómo reconocer las señales

Podrías plantearte revisar la terapia si notas que:

  • Sales de las sesiones con la sensación constante de no ser comprendido o de sentirte juzgado;
  • No observas avances tras varios meses, a pesar de hablarlo abiertamente;
  • El psicólogo cancela con frecuencia, llega tarde o parece distraído;
  • Te resulta difícil comentar tus sensaciones o dar feedback.

Estos patrones pueden reflejar una falta de sintonía en el estilo de comunicación o en los objetivos. Hablar de ello con franqueza es el primer paso antes de decidir un cambio.

Cómo expresar tus inquietudes

Si algo no encaja, coméntalo directamente. Puedes decir: “Últimamente siento que estoy un poco estancado, ¿podemos hablar de lo que está pasando?”. Un psicólogo profesional recibirá esa observación con apertura. El Código Deontológico del Psicólogo en España anima a los profesionales a aceptar comentarios y ajustar su enfoque para mejorar la colaboración.

A veces, una conversación sincera basta para resolver el problema. Puede que descubras que tus metas han cambiado o que necesitas otro ritmo de trabajo. En otras ocasiones, la conclusión puede ser que conviene buscar otro especialista. En ambos casos, el proceso debe ser claro y respetuoso.

Cómo cerrar la terapia con respeto

Si decides finalizar el proceso, informa a tu psicólogo y pide una última sesión de cierre. Ese encuentro permite reflexionar sobre lo aprendido y planificar los siguientes pasos. También puedes solicitar una recomendación para otro profesional con una orientación más acorde a tus necesidades. La mayoría de los psicólogos valoran esta honestidad y colaboran para que la transición sea fluida.

Qué preguntas hacerle a un psicólogo (y cómo sentirte seguro al hacerlo) — dibujo 4

Consideraciones prácticas

Antes de hacer el cambio, revisa detalles como la disponibilidad, el coste y los posibles tiempos de espera en tu nuevo centro de salud o consulta privada. Los servicios públicos de salud mental de España aconsejan tener preparada la información de contacto del nuevo profesional para evitar interrupciones en la atención. Cambiar de terapeuta no es un rechazo: es una forma de autocuidado.

Reconocer cuándo es momento de reevaluar a tu psicólogo demuestra madurez. La terapia funciona mejor cuando te sientes seguro, comprendido y comprometido. Si esa conexión se debilita, ajustar el rumbo es parte del propio proceso de cuidarte.

Referencias

  1. Rogers C.R., El proceso de convertirse en persona: mi técnica terapéutica, 1961.
  2. Yalom I.D., El don de la terapia: Una carta abierta a una nueva generación de terapeutas y sus pacientes, 2002.
  3. Beck J.S., Terapia cognitiva conductual: Conceptos básicos y profundización, 2011.
  4. Norcross J.C., Lambert M.J., Relaciones de psicoterapia que funcionan: Volumen 1, 2019.
  5. Linehan M., Entrenamiento de habilidades en DBT: Manual de hojas de ejercicios, 2014.
  6. McKay M., Davis M., Fanning P., Mensajes: El libro de habilidades de comunicación, 2018.

Conclusión

Tomar la decisión de acudir a un psicólogo requiere valentía, y hacer preguntas demuestra respeto por ti mismo. Cada pregunta - ya sea sobre la confidencialidad, la metodología o tus propias emociones - construye un puente de entendimiento. La terapia no trata de “hacerlo bien”, sino de conectar.

Si en algún momento sientes dudas, detente y piensa qué necesitas del proceso. Tu voz importa tanto como la orientación del profesional. Cuando te sientes escuchado y seguro, la terapia se convierte no solo en un espacio de curación, sino en una alianza para un crecimiento duradero.

Si la angustia llega a ser abrumadora, puedes contactar con la Línea 024 o llamar al 112 si existe una emergencia. La ayuda está disponible y confidencial en todo el territorio español.

Preguntas frecuentes

¿Es normal sentirse nervioso antes de ir al psicólogo?

Sí. Muchas personas se sienten inquietas antes de comenzar la terapia. Esa sensación suele desaparecer al iniciar la sesión y comprobar que el entorno es seguro y sin juicios.

¿Qué preguntas puedo hacer en la primera sesión?

Puedes preguntar sobre su enfoque, cómo evalúa el progreso y cómo gestiona la confidencialidad. Estas cuestiones ayudan a generar confianza y entender qué esperar.

¿Puedo preguntar por el precio o la cobertura sanitaria desde el principio?

Por supuesto. Hablar sobre honorarios o cobertura de seguro médico al inicio evita malentendidos. Los psicólogos están acostumbrados a resolver estas dudas con claridad.

¿Qué hago si no me siento cómodo con mi psicólogo?

Si te sientes incómodo o poco escuchado, coméntalo abiertamente. Si la situación no mejora, cambiar de profesional es una opción válida y saludable.

¿La terapia es confidencial?

Sí. En España, la confidencialidad está protegida por la legislación y el Código Deontológico del Psicólogo. Solo se puede romper si existe riesgo grave para ti o para terceros.

¿Cuándo debería plantearme cambiar de terapeuta?

Si tras varias sesiones sientes que no avanzas o que falta confianza, puede ser momento de buscar otro profesional. Hacerlo con respeto asegura la continuidad del proceso terapéutico.

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