16 de diciembre de 2025
16 de diciembre de 2025El material ha sido actualizado
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Mi marido es abusivo: qué puedo hacer

Darse cuenta de que el comportamiento de tu marido puede ser abusivo resulta aterrador. Es habitual sentirse dividida entre el cariño y el miedo, entre la culpa y la confusión, preguntándote si lo que ocurre realmente cuenta como maltrato. Muchas mujeres que buscan respuestas ya conviven con intimidación, control o daño emocional, y ponerle nombre a lo que está pasando se siente como cruzar una línea.

Si alguna vez has pensado: “Mi marido me maltrata, ¿qué hago?”, lo primero que debes saber es esto: el maltrato nunca es culpa tuya. Ya sea a través de insultos, amenazas o agresiones, nadie merece vivir con miedo. Reconocer lo que está sucediendo no es una traición, sino el primer paso para protegerte.

En este artículo conocerás cómo se definen los distintos tipos de maltrato, por qué puede resultar casi imposible dejar una relación abusiva y qué pasos pueden ayudarte a mantenerte a salvo. También encontrarás orientación práctica sobre terapia, recuperación y cómo reconstruir tu seguridad y autoestima. La ayuda es confidencial, existe en España y puede estar más cerca de lo que imaginas.

Qué se considera maltrato y por qué cuesta verlo

El maltrato rara vez comienza con escenas dramáticas. Suele aparecer de forma sutil: críticas disfrazadas de preocupación, control presentado como protección o enfados seguidos de disculpas. Con el tiempo, estos episodios crean un patrón de miedo y dominación que condiciona la vida diaria. Muchas mujeres minimizan lo que ocurre y se dicen: “Está pasando por un mal momento” o “Todas las parejas discuten”. Esa duda permite que el maltrato pase desapercibido incluso para quien lo sufre.

El maltrato puede adoptar distintas formas, y no todas dejan marcas visibles:

  • Maltrato físico: puede manifestarse con empujones, agarrones, golpes o lanzamiento de objetos. Es cualquier acto destinado a asustarte, hacerte daño o ejercer control mediante la fuerza.Maltrato psicológico o emocional: suele ocultarse detrás de las palabras. Incluye humillaciones, insultos, desprecios o amenazas que deterioran la autoestima hasta hacerte dudar de tu propio valor.
  • Control económico: se da cuando la pareja mantiene a la mujer en situación de dependencia económica, ya sea controlando el dinero, impidiendo el acceso a la cuenta bancaria o bloqueando la posibilidad de trabajar.
  • Cohacción sexual: implica sentirse presionada, manipulada o con miedo a decir que no. No existe consentimiento real cuando hay intimidación, culpa o temor a las consecuencias.

Mi marido es abusivo: qué puedo hacer — dibujo 2

  • Aislamiento: consiste en limitar o impedir el contacto con amistades, familia o cualquier red de apoyo.
  • Todos estos comportamientos tienen un objetivo común: el poder y el control. No se trata de conflictos puntuales o problemas de comunicación.

Lo que más confunde es que el maltrato psicológico no deja moratones. El gaslighting, es decir, hacerte dudar de tus recuerdos o de tu percepción de la realidad, deja cicatrices en la confianza, no en la piel. Con el tiempo, la mujer puede empezar a creer la versión del agresor y perder seguridad en su propio criterio.

El ciclo del maltrato

Muchas supervivientes describen un patrón repetitivo que en psicología se conoce como el ciclo del maltrato:

  • Acumulación de tensión: pequeñas discusiones, críticas constantes y miedo a provocar un enfado.
  • Explosión o incidente: estallido de ira, agresión verbal o física.
  • Reconciliación: disculpas, promesas de cambio, gestos de cariño o regalos.
  • Calma: una fase de aparente tranquilidad que hace que la relación parezca estable.

Este ciclo puede repetirse durante años, atrapando a la mujer entre el miedo y la esperanza. Cuando llega la calma, es fácil creer en las promesas de cambio. Pero sin apoyo externo real, el patrón suele volver a empezar.

Por qué muchas mujeres se culpan a sí mismas

Los maltratadores suelen manipular la culpa con gran habilidad. Frases como “Me has provocado”, “Si hablaras menos, no me pondría así” o “Eres tú quien me obliga a comportarme así” son frecuentes. Tras escucharlas durante mucho tiempo, es habitual terminar creyéndolas. La culpa se desplaza hasta hacer que la mujer se disculpe por la violencia que ejerce el otro.

En psicología, esto se denomina control coercitivo. No es una mala racha ni un malentendido, sino un sistema de dominio basado en el miedo y en la culpa.

Si sientes que vives con cautela constante, vigilando tus palabras para evitar conflictos o escondiendo aspectos de tu vida para no enfadarle, no es simplemente una relación tensa. Es control. El maltrato puede convivir con momentos de afecto, lo que lo vuelve aún más confuso. Sin embargo, el amor no exige vivir con miedo.

Importante saber:

El maltrato no se evalúa por su gravedad externa. Si te sientes insegura, controlada o anulada, es maltrato. No necesitas moratones, denuncias ni pruebas para que tu miedo sea legítimo.

Por qué es tan difícil dejar a una pareja maltratadora

Es frecuente preguntarse: “Si sé que me hace daño, ¿por qué no puedo dejarle?”. Esta duda genera mucha culpa, pero no refleja la realidad psicológica del maltrato. Desde fuera puede parecer sencillo: coger una maleta e irse. Desde dentro, es un laberinto emocional, económico y social que puede tardar meses o años en desenredarse.

El vínculo traumático

El maltrato suele generar lo que la psicología describe como vínculo traumático. Se trata de un fuerte lazo emocional que se forma entre la persona que ejerce el maltrato y la que lo sufre. Tras una fase de tensión y miedo, llega un periodo de aparente calma: disculpas, muestras de afecto, promesas de cambio. Estos momentos de alivio provocan sensaciones intensas de cariño y esperanza, que pueden confundirse con amor verdadero.

El cerebro empieza a asociar el alivio tras el miedo con cercanía emocional. Por eso, muchas mujeres terminan defendiendo a su agresor o dudando de su propia percepción. No es debilidad; es un mecanismo de supervivencia ante una situación sostenida de violencia y estrés.

Barreras económicas y prácticas

Dejar a un marido maltratador no es solo una decisión emocional. En muchos casos implica sobrevivir sin recursos. El control económico, tan frecuente en el maltrato, limita la capacidad de la mujer para marcharse. Por ejemplo:

  • no tener acceso a dinero propio;
  • depender económicamente del agresor;
  • miedo a perder la vivienda o no poder mantener a los hijos;
  • temor a las represalias económicas si se toma la decisión de separarse.

A esto se pueden sumar factores como no disponer de un lugar seguro donde ir, no tener a quién pedir ayuda o tener hijos a cargo. Los maltratadores suelen ser conscientes de estas dificultades y las utilizan para mantener el control, recordando constantemente que “sin mí no puedes”.

Vergüenza y presión social

En España todavía persisten ideas que dificultan reconocer el maltrato. Muchas mujeres han escuchado frases como “hay que aguantar por la familia”, “nadie es perfecto”, “los matrimonios pasan por crisis” o “los hijos necesitan a su padre en casa”. Estos mensajes pueden hacer que la mujer minimice el daño o se sienta culpable por pensar en la separación.

Existe también el miedo al juicio del entorno: a que la familia no entienda, a que amistades se alejen, a ser señalada como responsable de “romper la familia”. La vergüenza se convierte en una barrera silenciosa que impide pedir ayuda.

Indefensión aprendida

El maltrato continuado puede llevar a lo que en psicología se llama indefensión aprendida. Con el tiempo, tras múltiples intentos fallidos de frenar la violencia o poner límites, la mujer llega a la conclusión de que haga lo que haga, nada cambia. Esto provoca una pérdida profunda de autoestima y de sensación de control.

Este estado no es pasividad, sino una respuesta al agotamiento emocional y al daño continuado. Desde fuera puede parecer resignación; desde dentro es supervivencia emocional.

Mi marido es abusivo: qué puedo hacer — dibujo 3

Disonancia cognitiva

El maltratador también puede ser el padre de los hijos, alguien que en su momento mostró cariño o apoyó en momentos importantes. Convivir con estas dos realidades contradictorias genera lo que se conoce como disonancia cognitiva: sostener al mismo tiempo dos ideas incompatibles, como “me quiere” y “me hace daño”.

Para aliviar este conflicto, la mente tiende a justificar el comportamiento del agresor, minimizar la violencia o centrarse en los momentos de afecto. Esta ambivalencia dificulta tomar decisiones claras.

Cómo empezar a romper el patrón

Comprender estos mecanismos no justifica el maltrato, pero ayuda a entender por qué es tan difícil salir de él. Los primeros pasos no tienen por qué ser drásticos. A veces comenzar significa cosas tan discretas como:

  • pedir orientación a una psicóloga;
  • hablar con alguien de confianza;
  • informarse sobre recursos y derechos;
  • guardar un número de teléfono útil para utilizarlo cuando haga falta.
Importante saber:

No es necesario estar preparada para separarte para pedir ayuda. Hablar con una profesional, con el 016 o con una persona de confianza ya supone un avance hacia tu seguridad. La comprensión del ciclo y de los mecanismos del maltrato fortalece la capacidad de tomar decisiones cuando llegue el momento adecuado.

Cómo protegerte desde ahora

Si sospechas que tu marido ejerce maltrato, tu seguridad es prioritaria, incluso antes de tomar decisiones sobre continuar o poner fin a la relación. Muchas mujeres dudan en pedir ayuda porque temen reacciones, represalias o sentirse juzgadas. Sin embargo, no es necesario afrontar esta situación sola. Existen pasos discretos y confidenciales que puedes comenzar a dar hoy.

Paso 1: Elaborar un plan de seguridad

Un plan de seguridad es una guía personalizada para saber cómo actuar si la situación empeora. Puede prepararse con calma y adaptarse a tus circunstancias. Incluye información clave, contactos, alternativas y recursos para momentos de riesgo. En España, el servicio 016 y los recursos especializados en violencia de género pueden orientar de forma confidencial y gratuita sobre cómo elaborar uno.

A continuación se muestra un modelo básico que puedes adaptar:

Área de seguridad Qué preparar Para qué sirve
Contactos de emergencia Números de confianza, 016, 112 guardados con nombre discreto Acceso rápido a ayuda cuando no puedas pensar con claridad
Documentación y dinero Copias de DNI, tarjetas, documentos importantes y algo de dinero Necesarios si debes salir de casa de forma repentina
Vías de salida Identificar la salida más segura, duplicado de llaves, móvil cargado Reducir el tiempo de reacción ante una urgencia
Seguridad digital Cambiar contraseñas, desactivar ubicación, proteger el móvil Evitar que controle el teléfono o los movimientos
Red de apoyo Contar a una persona de confianza lo que está ocurriendo Romper el aislamiento y permitir que la ayuda sea posible

No es necesario preparar todo a la vez. Cada pequeño paso aumenta la seguridad.

Paso 2: Pedir ayuda de forma confidencial

En España, el 016 ofrece información y asesoramiento especializado en violencia de género. La llamada no aparece en la factura telefónica, aunque es recomendable borrar el registro del teléfono. También existen servicios de atención en comunidades autónomas, ayuntamientos y centros de la mujer que pueden orientar y derivar a recursos útiles.

Si crees que existe un peligro inmediato, se debe llamar al 112.

Paso 3: Proteger tu privacidad digital

Es frecuente que el agresor utilice el control del teléfono, redes sociales o correo electrónico para vigilar a la mujer. Para mejorar la seguridad digital:

  • utilizar un dispositivo de confianza (por ejemplo, de una amiga o familiar) para búsquedas sensibles;
  • apagar la localización del móvil;
  • evitar publicar información sobre planes o desplazamientos;
  • cambiar contraseñas con regularidad.

Si sospechas que tu teléfono está controlado, es preferible acceder a información desde un ordenador público, una biblioteca o un centro municipal.

Paso 4: Contar con apoyo presencial

No es necesario explicar todo a todo el mundo, pero sí a al menos una persona de confianza. Puede ser una amiga, una compañera de trabajo, un familiar o una profesional. Expresiones como: “No me siento segura en casa últimamente” o “¿Puedo avisarte si necesito ayuda?” pueden abrir una vía de apoyo.

Paso 5: Recurrir a profesionales cuando llegue el momento

Los recursos especializados en violencia de género pueden orientar sobre aspectos legales, sociales y psicológicos. Si existen menores, se puede solicitar apoyo específico para ellos. En casos de riesgo elevado, se puede valorar solicitar una orden de protección.

Construir seguridad es un proceso

La seguridad no empieza únicamente con la separación; empieza cuando se conocen opciones y recursos. Algunas mujeres permanecen temporalmente mientras organizan un plan; otras optan por buscar un recurso de acogida o iniciar terapia antes de tomar decisiones. No hay un único camino válido. Lo importante es avanzar hacia una situación más segura, paso a paso.

Incluso acciones pequeñas, como guardar un número de ayuda, recopilar información o hablar con una profesional, son avances significativos. No es necesario hacerlo todo hoy. Lo importante es empezar.

Mi marido es abusivo: qué puedo hacer — dibujo 4

Cuando la terapia puede ayudar y cómo es el proceso

Tras vivir una situación de maltrato, es habitual sentirse desorientada. La confianza en una misma, la seguridad personal y la propia identidad pueden verse profundamente afectadas. La terapia puede ayudar a recuperar el equilibrio y reconstruir el bienestar emocional, aunque a veces la idea de contar la experiencia a alguien nuevo puede resultar difícil. Muchas mujeres temen no ser creídas o sentirse juzgadas. El objetivo de la terapia no es cuestionar, sino acompañar en el proceso de recuperación.

Qué ocurre en las primeras sesiones

En las primeras consultas, el enfoque suele centrarse en estabilizar las emociones y recuperar la sensación de control. La mujer marca el ritmo. Puede hablar del maltrato cuando lo considere oportuno o empezar por otros aspectos, como el sueño, la ansiedad, los límites o las situaciones que generan malestar en el presente. No existe un punto de partida único o correcto.

Profesionales con formación específica en trauma utilizan distintas herramientas terapéuticas para abordar los recuerdos intrusivos, el miedo, la ansiedad o los efectos del estrés continuado. Algunas de estas técnicas pueden incluir terapia cognitivo - conductual centrada en el trauma, técnicas de regulación emocional o intervenciones basadas en la integración de experiencias traumáticas.

No es necesario relatar todos los detalles de lo vivido para que la terapia resulte útil. La recuperación empieza cuando es posible identificar las emociones sin miedo, aprender estrategias para manejar los momentos difíciles y empezar a reconstruir la percepción de una misma.

Cómo elegir a la profesional adecuada

Es importante buscar una psicóloga colegiada con experiencia en trauma, violencia de género o recuperación tras una relación abusiva. Existen directorios oficiales y colegios profesionales de psicología en España donde es posible filtrar por especialidad. Los centros de atención a mujeres y los servicios públicos también pueden facilitar contactos.

En las primeras sesiones conviene observar cómo te sientes con la profesional. Sentirse escuchada, comprendida y tratada con respeto es esencial. Es válido plantear algunas preguntas para saber si encaja con tus necesidades, por ejemplo:

¿Tiene experiencia en el trabajo con mujeres que han vivido violencia de género?

¿Cómo se garantiza la confidencialidad de las sesiones?

¿Qué puedo hacer si me siento sobrepasada durante una sesión?

Confidencialidad en terapia

Las psicólogas en España están sujetas al Código Deontológico del Consejo General de la Psicología y a la Ley de Protección de Datos, lo que significa que lo que se comparte en consulta es confidencial. Existe la obligación de mantener la privacidad salvo en situaciones muy concretas relacionadas con la seguridad de la persona o de terceros. La información de las sesiones no se comparte con familiares ni con el entorno laboral.

El proceso emocional de sanar

En algún momento, la terapia pasa de la etapa de supervivencia a un trabajo más profundo de reconstrucción emocional. Pueden aparecer preguntas como: “¿Qué tipo de relación quiero en el futuro?” o “¿Cómo puedo volver a confiar en mí y en los demás?”. Este proceso ayuda a recuperar partes de la identidad que el maltrato dañó: la confianza, la voz propia, la creatividad o las metas personales.

Es normal experimentar altibajos. La recuperación no es lineal. Habrá días más fáciles y días en los que simplemente acudir a la sesión será un logro importante. Con el tiempo, la terapia ayuda a reconocer señales de alarma, establecer límites, reconstruir vínculos sanos y recuperar la libertad interior.

Importante saber: La terapia no busca demostrar lo ocurrido, sino acompañar a la mujer para que pueda vivir con mayor calma y autonomía. El apoyo profesional puede ser útil tanto si la mujer sigue en la relación como si ya se ha separado. En ambos casos puede fortalecer la capacidad de tomar decisiones y de recuperar el bienestar emocional.

Cómo es el proceso de recuperación después del maltrato

Poner fin a una relación con maltrato no es el final de la historia, sino el comienzo de un proceso de recuperación. En las primeras semanas o meses tras la separación pueden aparecer emociones intensas y cambiantes: alivio, tristeza, miedo, culpa o confusión. Algunas mujeres se sienten liberadas, otras se encuentran bloqueadas o con sensación de vacío. Todas estas reacciones son normales. Recuperarse no significa olvidar lo vivido, sino aprender a vivir sin que el miedo marque cada decisión.

Mi marido es abusivo: qué puedo hacer — dibujo 5

Etapas emocionales de la recuperación

La recuperación suele desarrollarse en distintas fases, que pueden superponerse o repetirse:

Estabilización: el primer objetivo es recuperar la seguridad y cierta calma. Incluye gestionar aspectos básicos como la vivienda, los recursos económicos, la protección y el apoyo emocional.

Procesamiento: una vez garantizada la seguridad, se empieza a trabajar en terapia el impacto emocional del maltrato, comprender lo vivido y reconstruir la autoestima.

Reconexión: con el tiempo, aparece la posibilidad de establecer nuevos vínculos, recuperar intereses personales, desarrollar proyectos y empezar a construir una vida sin violencia.

Estas etapas no siguen un orden rígido. Avanzar y retroceder forma parte del proceso de sanar.

Reconstruir la confianza en una misma

Tras el maltrato, muchas decisiones cotidianas pueden resultar difíciles. Es habitual que la mujer dude de su criterio, tema equivocarse o tema repetir patrones. La terapia puede ayudar a recuperar la sensación de valía personal y de capacidad para tomar decisiones propias.

Actividades como la escritura personal, la atención plena, el movimiento consciente o prácticas orientadas a reconectar con el propio cuerpo pueden favorecer la sensación de seguridad interna. Después de haber vivido en alerta constante, es necesario tiempo para sentir el cuerpo y la mente como espacios seguros.

Aprender a tratarse con compasión

El maltrato suele dejar una huella de autocrítica y culpa. La recuperación implica aprender a generar un trato interno más amable. Hablarse como se hablaría a una amiga que ha vivido la misma situación puede ayudar a reemplazar la culpa por comprensión y respeto hacia una misma. La compasión propia no es indulgencia, sino reparación emocional.

Recuperar las relaciones y la vida social

El aislamiento es una de las consecuencias más frecuentes del maltrato. La recuperación implica ir reconstruyendo una red de apoyo. Esto puede ser a través de amistades, grupos de ayuda mutua, asociaciones de mujeres o actividades que permitan reconectar con otras personas. Sentirse acompañada reduce el peso del silencio y ayuda a generar nuevos vínculos sanos.

Afrontar los momentos difíciles

Es posible que meses después aparezcan recuerdos, miedo o tristeza. No indican un retroceso, sino que forman parte del proceso. Cuando surgen, pueden resultar útiles prácticas de regulación emocional como la respiración consciente, el anclaje en el presente o ejercicios para conectar con sensaciones corporales de seguridad.

Importante saber: La recuperación no consiste en “superarlo de una vez”, sino en sentirse progresivamente más segura, con mayor tranquilidad y con capacidad para avanzar a tu propio ritmo. Los altibajos no son un fracaso, sino una señal de que el proceso está en marcha.

Redescubrir la vida más allá del maltrato

Con el tiempo, el foco cambia de “lo que me ocurrió” a “quién soy ahora y qué quiero construir”. Es entonces cuando comienza una etapa de transformación personal, en la que pueden aparecer nuevos proyectos, vínculos, intereses o metas. El pasado no desaparece, pero deja de tener el control sobre el presente y el futuro.

Referencias

Ministerio de Igualdad de España. Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. Guías y recursos informativos sobre violencia de género.

Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades. Recursos para mujeres y atención integral.

Consejo General de la Psicología de España. Código Deontológico y guías de intervención psicológica en violencia de género.

Servicios de atención 016. Información y asesoramiento sobre violencia de género.

Conclusión

Reconocer el maltrato es uno de los pasos más difíciles y valientes que puede dar una mujer. No se trata de culpa ni de juzgarse, sino de recuperar la seguridad, la dignidad y la tranquilidad. Tanto si tu próximo paso es llamar a una línea de ayuda, confiar tu situación a alguien cercano o buscar una profesional, cada gesto hacia tu seguridad es un acto de coraje.

No tienes que afrontar esto sola. Existen profesionales formadas para ayudarte a planificar con seguridad, comprender el impacto emocional de lo vivido y reconstruir tu vida. Sanar no borra el pasado, pero aporta algo esencial: la libertad de vivir sin miedo.

Si en algún momento no te sientes segura, puedes llamar al 016 para recibir información y orientación de forma confidencial. También puedes escribir por WhatsApp al 600 000 016. Si tú o alguien cercano está en una situación de peligro inmediato, se debe llamar al 112.

El apoyo está disponible todos los días, sin juicios y con respeto.

Preguntas frecuentes en España

¿Puedo pedir ayuda aunque no esté segura de que es maltrato?

Sí. Puedes consultar con el 016, con una profesional o con un recurso especializado aunque tengas dudas. No es necesario tener una decisión tomada para pedir información o aclarar lo que está ocurriendo.

¿Qué ocurre si llamo al 016?

La llamada no aparece en la factura, aunque es aconsejable borrar el registro del teléfono. El servicio ofrece información, asesoramiento y orientación sobre recursos disponibles en tu zona. También hay atención por WhatsApp y servicios adaptados para personas con discapacidad.

¿Puedo denunciar sin tener pruebas físicas?

Sí. La denuncia puede presentarse sin necesidad de mostrar lesiones visibles. Pueden servir mensajes, testimonios, informes psicológicos, correos o cualquier información que ayude a describir los hechos. Además, existen servicios de acompañamiento para realizar la denuncia.

¿Qué apoyo existe si tengo hijos?

En España hay recursos específicos para menores que han vivido situaciones de violencia. Los servicios especializados pueden orientar sobre apoyo psicológico, medidas de protección y opciones para garantizar su bienestar.

¿La terapia es gratuita?

Existen opciones gratuitas y otras de pago. Los servicios públicos de atención a mujeres, centros municipales y unidades de violencia de género ofrecen apoyo psicológico sin coste. También hay psicólogas privadas con tarifas adaptadas.

¿Puede cambiar un hombre maltratador?

El cambio solo es posible cuando la persona reconoce el daño, asume la responsabilidad y se implica en un proceso de intervención especializado y continuado. La prioridad debe ser siempre la seguridad de la mujer. No es recomendable basar decisiones en promesas de cambio.

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